'Divina Comedia' (Infierno), de Dante Alighieri | Audiolibro

Título: Divina Comedia (Infierno)
Autor: Dante Alighieri
Narrador: Francisco Fernández

 

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CANTOS
 
Canto I  (00:00:10)
Canto II  (00:07:02)
Canto III  (00:14:28)
Canto IV  (00:21:30)
Canto V  (00:29:33)
Canto VI  (00:37:09)
Canto VII  (00:43:25)
Canto VIII  (00:50:11)
Canto IX  (00:56:59)
Canto X  (01:03:42)
Canto XI  (01:10:35)
Canto XII  (01:16:35)
Canto XIII  (01:23:26)
Canto XIV  (01:31:17)
Canto XV  (01:38:19)
Canto XVI  (01:44:35)
Canto XVII  (01:51:27)
Canto XVIII  (01:58:24)
Canto XIX  (02:05:37)
Canto XX  (02:12:07)
Canto XXI  (02:18:38)
Canto XXII  (02:25:49)
Canto XXIII  (02:33:15)
Canto XXIV  (02:41:03)
Canto XXV  (02:48:49)
Canto XXVI  (02:56:42)
Canto XXVII  (03:04:17)
Canto XXVIII  (03:11:22)
Canto XXIX  (03:18:57)
Canto XXX  (03:26:44)
Canto XXXI  (03:34:39)
Canto XXXII  (03:42:09)
Canto XXXIII  (03:50:10)
Canto XXXIV  (03:58:39)

Imagen
Dante Alighieri

 

A mitad del camino de nuestra vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi senda había extraviado.
 
¡Cuán penosa cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y salvaje
que me vuelve el recuerdo al pensamiento!
 
Es tan amarga casi cual la muerte;
pero por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.
 
Yo no sé explicar cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera.
 
Pero cuando hube llegado al pie de una cuesta
allí donde aquel valle terminaba
que el corazón me había llenado de terror,
 
hacia lo alto miré, y vi que su cima
ya vestían los rayos del planeta
que lleva recto por cualquier camino.
 
Entonces se calmó algo aquel miedo,
que en el lago del alma había entrado
la noche que pasé con tanta angustia.

 

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Audiolibro de La divina comedia (Infierno) de Dante Alighieri

Anónimo

Con grande llanto en los ojos, y muy fuerte lamentando,
la cabeza atrás volvía y quedábase mirando.
Y vio las puertas abiertas, y cerrojos quebrantados,
y vacías las alcándaras sin las pieles ni los mantos...


Concepción Arenal

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.

La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de enero a enero
débil y enteco el segundo.


Pablo Neruda

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros,
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.


Lord Byron

Sobre las rientes olas del mar azul, donde no hay límites para nuestros pensamientos, donde es libre nuestra alma, tan lejos como nos pueden llevar la brisa y las olas espumosas, contemplad nuestro imperio, ved nuestra patria; allí están nuestros dominios, sin fronteras que lo limiten...