'A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma', de Gabriel Bocángel | Poema

Título: A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma
Autor: Gabriel Bocángel
Narrador: Francisco Fernández

 

 

A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma

 

Esta partida imagen de la vida,
reloj luciente o lumbre numerosa,
que la describe fácil como rosa
de un soplo, de un sosiego interrumpida;

esta llama que al sol desvanecida,
más que llama parece mariposa;
esta esfera fatal que, rigurosa,
cada momento suyo es homicida:

es, Fabio, un doble ejemplo. No te estorbes
al desengaño de tu frágil suerte:
términos tiene el tiempo y la hermosura.

El concertado impulso de los orbes
es un reloj de sol, y al sol advierte
que también es mortal lo que más dura.

 

  • A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma

    Esta partida imagen de la vida,
    reloj luciente o lumbre numerosa,
    que la describe fácil como rosa
    de un soplo, de un sosiego interrumpida;
    esta llama que al sol desvanecida,
    más que llama parece mariposa;
    esta esfera fatal que, rigurosa,
    cada momento suyo es homicida:
    ...

  • Hablando el autor con sus escritos

    Ocios son de un afán que yo escribía
    en ruda edad con destemplada avena;
    arbitrio del amor, que a tal condena
    a aquel que la templanza aborrecía.
    Canté el dolor, llorando de alegría,
    y tan dulce tal vez canté mi pena
    que todos la juzgaban por ajena,
    pero bien sabe el alma que era mía.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Retirado en la paz de estos desiertos,
    con pocos, pero doctos libros juntos,
    vivo en conversación con los difuntos
    y escucho con mis ojos a los muertos.
    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
    o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
    y en músicos callados contrapuntos
    al sueño de la vida hablan despiertos.
    ...

  • Fray Miguel de Guevara

    No me mueve, mi Dios, para quererte
    el cielo que me tienes prometido,
    ni me mueve el infierno tan temido
    para dejar por eso de ofenderte.
    Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
    clavado en una cruz y escarnecido,
    muéveme ver tu cuerpo tan herido,
    muévenme tus afrentas y tu muerte.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Pues me hacéis casamentero,
    Ángela de Mondragón,
    escuchad de vuestro esposo
    las grandezas y el valor.
    Él es un Médico honrado,
    por la gracia del Señor,
    que tiene muy buenas letras
    en el cambio y el bolsón.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Madre, yo al oro me humillo,
    él es mi amante y mi amado,
    pues de puro enamorado
    de contino anda amarillo.
    Que pues doblón o sencillo
    hace todo cuanto quiero,
    poderoso caballero
    es don Dinero.
    ...