'Soneto que declara qué es ser poeta', de Jacinto Alonso Maluenda | Poema 🎧📚

Título: Soneto que declara qué es ser poeta
Autor: Jacinto Alonso Maluenda
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Soneto que declara qué es ser poeta

 

El ser poeta es bella, heroica acción,
el dulce y sonoro retintín:
a una mujer muy fea, serafín
le llaman los versistas, y a Faetón

he visto yo a un poeta remendón
porque acaba el consonante en in,
llamarle algunas veces Faetín,
que fuerza un consonante más que Amón.

Con uno y lo otro alegre parabién,
mil alabanzas a los versos dan,
de los poetas laurear se ven.

Y cuando con la pompa y lauro están,
de las perlas, del oro, hacen desdén,
y a la noche no tienen para pan.

 

Soneto que declara qué es ser poeta

El ser poeta es bella, heroica acción,
el dulce y sonoro retintín:
a una mujer muy fea, serafín
le llaman los versistas, y a Faetón
he visto yo a un poeta remendón
porque acaba el consonante en in,
llamarle algunas veces Faetín,
que fuerza un consonante más que Amón.
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Francisco de Quevedo

Desde la torre

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
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Francisco de Quevedo

A un hombre de gran nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
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Francisco de Quevedo

Poderoso caballero es don Dinero

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de contino anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
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Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
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