'No fueron tus divinos ojos, Ana...', de Lupercio Leonardo de Argensola | Poema 🎧📚

Título: No fueron tus divinos ojos, Ana...
Autor: Lupercio Leonardo de Argensola
Narrador: Francisco Fernández

 

 

No fueron tus divinos ojos, Ana...

 

No fueron tus divinos ojos, Ana,
los que al yugo amoroso me han rendido;
ni los rosados labios, dulce nido
del ciego niño, donde néctar mana;
 
ni las mejillas de color de grana;
ni el cabello, que al oro es preferido;
ni las manos, que a tantos han vencido;
ni la voz, que está en duda si es humana.
 
Tu alma, que en todas tus obras se trasluce,
es la que sujetar pudo la mía,
porque fuese inmortal su cautiverio.
 
Así todo lo dicho se reduce
a solo su poder, porque tenía
por ella cada cual su ministerio.

 

No fueron tus divinos ojos, Ana...

No fueron tus divinos ojos, Ana,
los que al yugo amoroso me han rendido;
ni los rosados labios, dulce nido
del ciego niño, donde néctar mana;
ni las mejillas de color de grana;
ni el cabello, que al oro es preferido;
ni las manos, que a tantos han vencido;
ni la voz, que está en duda si es humana.
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Imagen espantosa de la muerte...

 

Imagen espantosa de la muerte...

Al sueño

Libros

Niños soldados, mozos capitanes...

Niños soldados, mozos capitanes,
sargentos que en su vida han visto guerra,
generales en cosas de la tierra,
almirantes con damas muy galantes.
Alféreces de bravos ademanes,
nueva milicia que la antigua encierra,
hablar extraño, parecer que a tierra,
turcos rapados, crespos alemanes.
...

Lope de Vega

A mis soledades voy...

A mis soledades voy.
De mi soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué, tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!
...

Francisco de Terrazas

Soneto a una dama que despabiló una vela con los dedos

El que es de algún peligro escarmentado,
suele temerle más que quien lo ignora,
por eso temí el fuego en vos, señora,
cuando de vuestros dedos fue tocado.
Mas, ¿vistes qué temor tan excusado
del daño que os hará la vela agora?
Si no os ofende el vivo que en mí mora
¿cómo os podrá ofender luego pintado?
...

Gutierre de Cetina poemas

Madrigal

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
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