'San Manuel Bueno, mártir', de Miguel de Unamuno | Audiolibro 🎧📚

Título: San Manuel Bueno, mártir
Autor: Miguel de Unamuno
Narrador: Francisco Fernández

 

Capítulos de San Manuel Bueno, mártir

Mostrar capítulos

CAPÍTULOS
 
Capítulo 1  (00:00:00)
Capítulo 2  (00:03:37)
Capítulo 3  (00:05:05)
Capítulo 4  (00:07:00)
Capítulo 5  (00:16:48)
Capítulo 6  (00:18:34)
Capítulo 7  (00:21:20)
Capítulo 8  (00:23:18)
Capítulo 9  (00:29:00)
Capítulo 10  (00:30:06)
Capítulo 11  (00:34:34)
Capítulo 12  (00:36:32)
Capítulo 13  (00:37:44)
Capítulo 14  (00:45:20)
Capítulo 15  (00:48:43)
Capítulo 16  (00:52:10)
Capítulo 17  (00:53:36)
Capítulo 18  (00:56:38)
Capítulo 19  (01:01:44)
Capítulo 20  (01:08:48)
Capítulo 21  (01:10:29)
Capítulo 22  (01:14:11)
Capítulo 23  (01:17:11)
Capítulo 24  (01:19:52)

 

Ahora que el obispo de la diócesis de Renada, a la que pertenece esta mi querida aldea de Valverde de Lucerna, anda, a lo que se dice, promoviendo el proceso para la beatificación de nuestro Don Manuel, o, mejor, san Manuel Bueno, que fue en esta párroco, quiero dejar aquí consignado, a modo de confesión y sólo Dios sabe, que no yo, con qué destino, todo lo que sé y recuerdo de aquel varón matriarcal que llenó toda la más entrañada vida de mi alma, que fue mi verdadero padre espiritual, el padre de mi espíritu, del mío, el de Ángela Carballino.

Al otro, a mi padre carnal y temporal, apenas si le conocí, pues se me murió siendo yo muy niña. Sé que había llegado de forastero a nuestra Valverde de Lucerna, que aquí arraigó al casarse aquí con mi madre. Trajo consigo unos cuantos libros, el Quijote, obras de teatro clásico, algunas novelas, historias, el Bertoldo, todo revuelto, y de esos libros, los únicos casi que había en toda la aldea, devoré yo ensueños siendo niña. Mi buena madre apenas si me contaba hechos o dichos de mi padre. Los de Don Manuel, a quien, como todo el mundo, adoraba, de quien estaba enamorada -claro que castísimamente-, le habían borrado el recuerdo de los de su marido. A quien encomendaba a Dios, y fervorosamente, cada día al rezar el rosario.

 

'San Manuel Bueno, mártir', de Miguel de Unamuno
'La tregua', de Mario Benedetti

La tregua

Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para estar en condiciones de jubilarme. Debe hacer por lo menos cinco años que llevo este cómputo diario de mi saldo de trabajo. Verdaderamente, ¿preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso sino el derecho a trabajar en aquello que quiero.


'Frankenstein', by Mary Shelley

Frankenstein

El hecho en que se fundamenta esta narración imaginaria ha sido considerado por el doctor Darwin y por otros escritores científicos alemanes como perteneciente, hasta cierto punto, al campo de lo posible. No deseo que pueda creerse que me adhiero plenamente a esta hipótesis, sin embargo, al basar mi narración sobre este punto de partida no pienso haber creado solo un encadenamiento de hechos terroríficos concernientes por entero al orden sobrenatural.


'1984', de George Orwell

1984

Era un día frío y luminoso de abril y los relojes estaban dando las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en un esfuerzo por escapar al desagradable viento, pasó a toda prisa entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no lo bastante rápido para impedir que se colara tras él un remolino de polvo y suciedad.


'La ciudad está triste', de Ramón Díaz Eterovic

La ciudad está triste

Pensaba en la tristeza de la ciudad, cuando golpearon a la puerta, en las luces que esa tarde de invierno veía encenderse paulatinamente a través de la ventana y en las calles donde acostumbro a caminar sin otra compañía que mi sombra y un cigarrillo que enciendo entre las manos, reconociendo que, como la ciudad, estoy solo, esperando que el bullicio cotidiano se extinga para respirar a mi antojo, beber un par de tragos en algún bar de poca monta y regresar a mi oficina con la certeza de que lo único real es la oscuridad y el resuello de los lobos agazapados en las esquinas.