'Divina Comedia' (Infierno), de Dante Alighieri (1304-1308)

Título: Divina Comedia (Infierno)
Autor: Dante Alighieri
Narrador: Francisco Fernández

 

CAPÍTULOS

00:00:10 - Canto I
00:07:02 - Canto II
00:14:28 - Canto III
00:21:30 - Canto IV
00:29:33 - Canto V
00:37:09 - Canto VI
00:43:25 - Canto VII
00:50:11 - Canto VIII
00:56:59 - Canto IX
01:03:42 - Canto X
01:10:35 - Canto XI
01:16:35 - Canto XII
01:23:26 - Canto XIII
01:31:17 - Canto XIV
01:38:19 - Canto XV
01:44:35 - Canto XVI
01:51:27 - Canto XVII
01:58:24 - Canto XVIII
02:05:37 - Canto XIX
02:12:07 - Canto XX
02:18:38 - Canto XXI
02:25:49 - Canto XXII
02:33:15 - Canto XXIII
02:41:03 - Canto XXIV
02:48:49 - Canto XXV
02:56:42 - Canto XXVI
03:04:17 - Canto XXVII
03:11:22 - Canto XXVIII
03:18:57 - Canto XXIX
03:26:44 - Canto XXX
03:34:39 - Canto XXXI
03:42:09 - Canto XXXII
03:50:10 - Canto XXXIII
03:58:39 - Canto XXXIV

 

 

CANTO PRIMERO

Invocacion a las Musas.—Dante se sobrecoge de terror al pensar en el viaje al Infierno.—Tranquilizado por Virgilio, que le dice haber sido enviado por Beatriz, se decide a seguir a su guia y Maestro.

 El día terminaba; el aire de la noche invitaba a descansar de sus fatigas a los seres animados que existen sobre la tierra, y yo solo me preparaba a sostener los combates del camino y de las cosas dignas de compasión que mi memoria trazará sin equivocarse.

 ¡Oh Musas! ¡oh alto ingenio! venid en mi ayuda: ¡oh mente, que escribiste lo que vi! ahora aparecerá tu nobleza.

 Yo comencé: —«Poeta, que me guias, mira si mi virtud es bastante fuerte antes de aventurarme en tan profundo pasaje. Tú dices que el padre de Silvio, aun corruptible, pasó al siglo inmortal, y pasó sensiblemente. Pero quizá el adversario de todo mal le fué favorable, pensando en los grandes efectos que de él debian sobrevenir: ¡qué gentes y qué clase de gentes!»

 No parece esto injusto a un hombre de talento; pues en el Empíreo fué elegido para ser el padre de la fecunda Roma y de su imperio: el uno y la otra, a decir verdad, fueron establecidos en favor del sitio santo en donde reside el sucesor del gran Pedro. Durante este viaje, por el que le elogias, oyó cosas que presagiaron su victoria y el manto papal. Despues el Vaso de eleccion fué trasportado hasta el cielo para dar más firmeza a la fe, que es el principio del camino de la salvacion. Pero yo, ¿por qué he de ir? ¿quién me lo permite? Yo no soy Eneas, ni San Pablo: ante nadie, ni ante mí mismo, me creo digno de tal honor. Porque si me lanzo a tal empresa, temo por mi loco empeño. Puesto que eres sabio, comprenderás las razones que me callo.»

 Y como aquel que no quiere ya lo que queria, y asaltado de una nueva idea, cambia de parecer, de suerte que abandona todo lo que habia comenzado, así me sucedia en aquella oscura cuesta; porque, a fuerza de pensar, abandoné la empresa que habia empezado con tanto ardor.

 

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