God save the queen, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    God save the queen

    Masticamos embutidos burgaleses frente a la Torre de Londres.
    Mientras un par de gaviotas defecan sobre los inmortales leones.
    Y una miríada de japoneses inmoviliza el instante.

    Pensamos en lo que nos dijo el simpaticorro guía catalán.
    (Tenía perilla y ganas de demostrar lo bien que se lo pasaba).
    'Mientras haya cuervos en la Bloody Tower, la Casa Real británica permanecerá en el trono'.

    David clava en mi pupila su pupila azul.
    'Podemos venir con una escopeta y no dejar uno'.
    Digo que sí con la cabeza.
    'Y de paso nos cargamos unas cuantas gaviotas. ¿Te parece?'.
    'Wonderful', chapurreo.
    David me sonríe y echa un largo trago de su lata de sidra.
    ...

    Por aquel entonces éramos jóvenes y felices.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • Las sirenas azules aúllan atravesando la avenida.
      A toda velocidad.
      Dos, cuatro, seis.
      Se saltan semáforos.
      Provocan frenazos.
      E improperios.
      En Vicálvaro deben de tener mucho follón.
      O un menú del día que te cagas.
      Jornada tras jornada.

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