Se hace el profundo. Se atusa la perilla. Se lía un cigarrillo y lo chupa. Aspira con los ojos entrecerrados. Como viendo algo más allá de la anodina tarde otoñal. Expulsa humo. Nos mira y nos escucha, condescendiente. 'Mediocres', parece pensar. Habla con gravedad. Escribe ensayos, haikus y canciones. Pero no piensa publicar nada. A menos que una editorial se lo suplique.
Mejor para todos.
Ya se imprimen suficientes libros de mierda al cabo del año. No te unas a la comitiva. Mantén tu independencia. Sigue a lo tuyo. Continúa chupando cigarrillos. Y acumulando secreciones en una carpeta del disco duro.
Los recuerdos atribulan, aunque no sólo. Los dolorosos cuesta sacárselos de la cabeza. Con tiempo y esfuerzo pueden sepultarse, malamente, pero siempre hay algo que los hace aflorar. Y desgarran muchas facetas, muy adentro. Los felices son aún peores.
La chusta humea a pocos metros, junto a la mierda fresca de un perro-patada. A. debe de estar al caer. Nos recogerá en un C4 rojo con corazones pintados en los empañados cristales. Ya habrá dejado a su satisfecha novia en casa. (Más me vale).