En el comedor pardo, que perfumaba una mezcla de olor de fruta y de barniz, a gusto, me hice con un plato de no sé qué guisado belga, y me arrellané en una enorme silla.
Mientras comía, oí el reloj ––feliz, quedo… La cocina se abrió, inmensa bocanada, ––y la criada entró; y no sé bien por qué llevaba el chal abierto y un peinado travieso.
Y mientras recorría con su dedo azorado su cara, un terciopelo, durazno blanco y rosa, haciendo un gesto ingenuo con su labio de niña,
colocaba los platos, junto a mí, serenándome. Y luego, distraída, para ganarse un beso, bajito: «toca, toca: me s’ha enfriao la cara…»
Arthur Rimbaud (1854-1891) fue un poeta francés conocido por su influencia sobre literatura y artes modernas, que prefiguraron el surrealismo. Comenzó a escribir a una edad muy temprana y destacó como estudiante, pero abandonó su educación formal en su adolescencia para huir de su hogar a París en medio de la Guerra franco-prusiana. Durante su adolescencia tardía y su edad adulta temprana comenzó la mayor parte de su producción literaria, luego dejó de escribir por completo a la edad de 20 años, después de reunir una de sus principales obras, Illuminations.
¡Cobardes, aquí está! ¡La estación os vomita! El sol ha enjugado con su ardiente pulmón los paseos que un día ocuparon los Bárbaros. Ésta es la Ciudad santa, sentada al occidente.
En el comedor pardo, que perfumaba una mezcla de olor de fruta y de barniz, a gusto, me hice con un plato de no sé qué guisado belga, y me arrellané en una enorme silla.
Costrosos, negros, flacos, con los ojos cercados de verde, dedos romos crispados sobre el fémur, con la mollera llena de rencores difusos como las floraciones leprosas de los muros;