'El conde Lucanor', de Don Juan Manuel | Audiolibro 🎧📚

Título: El conde Lucanor
Autor: Don Juan Manuel
Narrador: Francisco Fernández

 

Capítulos de El conde Lucanor

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CAPÍTULOS

Anteprólogo: Libro de los cuentos del Conde Lucanor y de Patronio (00:08)
Prólogo (02:08)
1. Lo que sucedió a un rey con un ministro suyo (05:49)
2. Lo que sucedió a un honrado labrador con su hijo (15:08)
3. Del salto que dio en el mar el rey Ricardo de Inglaterra peleando contra los moros (22:42)
4. Lo que dijo un genovés a su alma al morirse (33:01)
5. Lo que sucedió a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico (36:56)
6. Lo que pasó a la golondrina con los otros pájaros cuando sembró el hombre lino (41:53)
7. Lo que sucedió a una mujer llamada doña Truhana (45:06)
8. Lo que sucedió a un hombre al que le tuvieron que limpiar el hígado (48:16)
9. Lo que sucedió a los dos caballos con el león (50:39)
10. Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces (55:42)
11. Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo (59:19)
12. La zorra y el gallo (01:09:30)
13. Lo que sucedió a un hombre que cazaba perdices (01:16:32)
14. El milagro que hizo Santo Domingo cuando predicó en el entierro del comerciante (01:19:33)
15. Lo que sucedió a don Lorenzo Suárez en el sitio de Sevilla (01:23:39)
16. La respuesta que dio el conde Fernán González a Nuño Laínez, su pariente (01:32:18)
17. Lo que sucedió a un hombre que tenía mucha hambre, a quien convidaron por cumplido a comer (01:35:27)
18. Lo que sucedió a don Pedro Meléndez de Valdés cuando se le rompió la pierna (01:38:29)
19. Lo que sucedió a los cuervos con los búhos (01:43:57)
20. Lo que sucedió a un rey con un hombre que le dijo que sabía hacer oro (01:48:50)
21. Lo que sucedió a un rey mozo con un gran filósofo a quien su padre le había encomendado (01:55:56)
22. Lo que sucedió al león y al toro (02:03:26)
23. Lo que hacen las hormigas para mantenerse (02:10:16)
24. Lo que sucedió a un rey que quiso probar a sus tres hijos (02:14:29)
25. Lo que sucedió al conde de Provenza, que fue librado de prisión por el consejo que le dio Saladino (02:23:11)
26. Lo que sucedió al árbol de la Mentira (02:39:01)
27. Lo que sucedió con sus mujeres a un emperador y a Alvar Fáñez Minaya (02:47:11)
28. Lo que sucedió a don Lorenzo Suárez Gallinato en Granada (03:08:25)
29. Lo que sucedió a una zorra que se tendió en la calle y se hizo la muerta (03:14:10)
30. Lo que sucedió al rey Abenabet de Sevilla con su mujer Romaiquía (03:18:31)
31. La sentencia que dio un cardenal a los canónigos de París y a los franciscanos (03:22:59)
32. Lo que sucedió a un rey con los pícaros que hicieron la tela (03:26:02)
33. Lo que sucedió a un halcón sacre del infante don Manuel con un águila y una garza (03:34:16)
34. Lo que sucedió a un ciego que conducía a otro (03:39:18)
35. Lo que sucedió a un mozo que casó con una muchacha de muy mal carácter (03:41:55)
36. Lo que sucedió a un mercader que halló a su mujer y a su hijo durmiendo juntos (03:51:40)
37. La respuesta que dio el conde Fernán González a sus gentes después de vencer la batalla de Hacinas (03:57:01)
38. Lo que sucedió a un hombre que iba cargado de piedras preciosas y se ahogó en un río (03:59:50)
39. Lo que sucedió a un hombre con las golondrinas y los gorriones (04:03:07)
40. Por qué perdió su alma un senescal de Carcasona (04:05:16)
41. Lo que sucedió a un rey de Córdoba llamado Alhaquen (04:11:08)
42. Lo que sucedió a una falsa devota (04:16:14)
43. Lo que sucedió al Mal con el Bien y al cuerdo con el loco (04:25:36)
44. Lo que sucedió a don Pedro Núñez el Leal, a don Ruy Gómez Ceballos y a don Gutierre Ruiz de Blanquillo con el conde don Rodrigo el Franco (04:34:11)
45. Lo que sucedió al que se hizo amigo y vasallo del demonio (04:43:26)
46. Lo que sucedió a un filósofo que por casualidad entró en una calle donde vivían malas mujeres (04:51:19)
47. Lo que sucedió a un moro con una hermana suya que decía que era muy medrosa (04:59:05)
48. Lo que sucedió a uno que probaba a sus amigos (05:03:56)
49. Lo que sucedió al que dejaron desnudo en una isla al concluir su mandato (05:13:48)
50. Lo que sucedió a Saladino con la mujer de un vasallo suyo (05:18:59)
51. Lo que sucedió a un rey cristiano que era muy poderoso y muy soberbio (05:40:12)
Segunda parte del libro del conde Lucanor y de Patronio (05:57:09)
Tercera parte del libro del conde Lucanor y de Patronio (06:14:39)
Cuarta parte del libro del conde Lucanor y de Patronio (06:25:42)
Quinta parte del libro del conde Lucanor y de Patronio (06:33:08)

 

En el nombre de Dios: amén. Entre las muchas cosas extrañas y maravillosas que hizo Dios Nuestro Señor, hay una que llama más la atención, como lo es el hecho de que, existiendo tantas personas en el mundo, ninguna sea idéntica a otra en los rasgos de la cara, a pesar de que todos tengamos en ella los mismos elementos. Si las caras, que son tan pequeñas, muestran tantísima variedad, no será extraño que haya grandes diferencias en las voluntades e inclinaciones de los hombres. Por eso veréis que ningún hombre se parece a otro ni en la voluntad ni en sus inclinaciones, y así quiero poneros algunos ejemplos para que lo podáis entender mejor.

Todos los que aman y quieren servir a Dios, aunque desean lo mismo, cada uno lo sirve de una manera distinta, pues unos lo hacen de un modo y otros de otro modo. Igualmente, todos los que están al servicio de un señor le sirven, aunque de formas distintas. Del mismo modo ocurre con quienes se dedican a la agricultura, a la ganadería, a la caza o a otros oficios, que, aunque todos trabajan en lo mismo, cada uno tiene una idea distinta de su ocupación, y así actúan de forma muy diversa. Con este ejemplo, y con otros que no es necesario enumerar, bien podéis comprender que, aunque todos los hombres sean hombres, y por ello tienen inclinaciones y voluntad, se parezcan tan poco en la cara como se parecen en su intención y voluntad. Sin embargo, se parecen en que a todos les gusta aprender aquellas cosas que les resultan más agradables. Como cada persona aprende mejor lo que más le gusta, si alguien quiere enseñar a otro debe hacerlo poniendo los medios más agradables para enseñarle; por eso es fácil comprobar que a muchos hombres les resulta difícil comprender las ideas más profundas, pues no las entienden ni sienten placer con la lectura de los libros que las exponen, ni tampoco pueden penetrar su sentido. Al no entenderlas, no sienten placer con ciertos libros que podrían enseñarles lo que más les conviene.

Por eso yo, don Juan, hijo del infante don Manuel, adelantado mayor del Reino de Murcia, escribí este libro con las más bellas palabras que encontré, entre las cuales puse algunos cuentecillos con que enseñar a quienes los oyeren. Hice así, al modo de los médicos que, cuando quieren preparar una medicina para el hígado, como al hígado agrada lo dulce, ponen en la medicina un poco de azúcar o miel, u otra cosa que resulte dulce, pues por el gusto que siente el hígado a lo dulce, lo atrae para sí, y con ello a la medicina que tanto le beneficiará. Lo mismo hacen con cualquier miembro u órgano que necesite una medicina, que siempre la mezclan con alguna cosa que resulte agradable a aquel órgano, para que se aproveche bien de ella. Siguiendo este ejemplo, haré este libro, que resultará útil para quienes lo lean, si por su voluntad encuentran agradables las enseñanzas que en él se contienen; pero incluso los que no lo entiendan bien, no podrán evitar que sus historias y agradable estilo los lleven a leer las enseñanzas que tiene entremezclados, por lo que, aunque no lo deseen, sacarán provecho de ellas, al igual que el hígado y los demás órganos se benefician y mejoran con las medicinas en las que se ponen agradables sustancias. Dios, que es perfecto y fuente de toda perfección, quiera, por su bondad y misericordia, que todos los que lean este libro saquen el provecho debido de su lectura, para mayor gloria de Dios, salvación de su alma y provecho para su cuerpo, como Él sabe muy bien que yo, don Juan, pretendo. Quienes encuentren en el libro alguna incorrección, que no la imputen a mi voluntad, sino a mi falta de entendimiento; sin embargo, cuando encuentren algún ejemplo provechoso y bien escrito, deberán agradecerlo a Dios, pues Él es por quien todo lo perfecto y hermoso se dice y se hace.

Terminado ya el prólogo, comenzaré la materia del libro, imaginando las conversaciones entre un gran señor, el Conde Lucanor y su consejero, llamado Patronio.

 

'El conde Lucanor', de Don Juan Manuel
'El principito', de Antoine de Saint-Exupéry

El principito

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños.


'Alicia en el País de las Maravillas', de Lewis Carroll

Alicia en el País de las Maravillas

En el dorado anochecer
bogamos lentamente;
los brazos siéntense
ceder al remo débilmente.
¡Qué dichoso desfallecer
las manos sin oriente!


'Platero y yo', de Juan Ramón Jiménez

Platero y yo

Suele creerse que yo escribí Platero y yo para los niños, que es un libro para niños. No. En 1913, La lectura, que sabía que yo estaba con ese libro me pidió que adelantase un conjunto de sus páginas más idílicas para su Biblioteca Juventud.


'El conde Lucanor', de Don Juan Manuel

El conde Lucanor

En el nombre de Dios: amén. Entre las muchas cosas extrañas y maravillosas que hizo Dios Nuestro Señor, hay una que llama más la atención, como lo es el hecho de que, existiendo tantas personas en el mundo, ninguna sea idéntica a otra en los rasgos de la cara, a pesar de que todos tengamos en ella los mismos elementos.