Espero curarme de ti, de Jaime Sabines | Poema

    Poema en español
    Espero curarme de ti

    Espero curarme de ti en unos días. 
    Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. 
    Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. 
    Me receto tiempo, abstinencia, soledad. 

    ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? 
    No es mucho, ni es poco, es bastante. 
    En una semana se puede reunir todas las palabras de amor 
    que se han pronunciado sobre la tierra y 
    se les puede prender fuego. 
    Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. 
    Y también el silencio. Porque las mejores palabras de amor 
    están entre dos gentes que no se dicen nada. 

    Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral 
    y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero 
    cuando digo: 'qué calor hace

    '¿sabes manejar?

    • Después de todo -pero después de todo- 
      sólo se trata de acostarnos juntos, 
      se trata de la carne, 
      de los cuerpos desnudos, 
      lámpara de la muerte en el mundo. 

      Gloria degollada, sobreviviente 
      del tiempo sordomudo 
      mezquina paga de los que mueren juntos. 

    • Sólo en sueños, 
      sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
      a ciertas horas, cuando cierro puertas 
      detrás de mí. 
      ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
      y ahora estoy preso en su sortilegio, 
      atrapado en su red! 

    • No es nada de tu cuerpo 
      ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, 
      ni ese lugar secreto que los dos conocemos, 
      fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. 
      No es tu boca -tu boca 
      que es igual que tu sexo-, 
      ni la reunión exacta de tus pechos, 

    • Pasa el lunes y pasa el martes 
      y pasa el miércoles y el jueves y el viernes 
      y el sábado y el domingo, 
      y otra vez el lunes y el martes 
      y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere 
      dormir, 
      la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón 

    • Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
      Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
      Nada queda de mí después de este amor. 

      Entre los escombros de mi alma, búscame, 
      escúchame. 
      En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
      pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

    • Pequeña del amor, tú no lo sabes, 
      tú no puedes saberlo todavía, 
      no me conmueve tu voz 
      ni el ángel de tu boca fría, 
      ni tus reacciones de sándalo 
      en que perfumas y expiras, 
      ni tu mirada de virgen 
      crucificada y ardida. 

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