Llegaste a tiempo, de Jaime Sabines | Poema

    Poema en español
    Llegaste a tiempo

    Debí haberte encontrado diez años antes o diez años después. Pero llegaste a tiempo. 
    Antes, me hubiera gustado conocerte con libertad, sin restricciones. 
    Sin limites ni complejos. 
    Después, con calma y serenidad, 
    con paciencia y el tiempo que me permite la experiencia. 
    Te conocí a tiempo, a tiempo de encontrarte, 
    para saber que existías, para llenar mis ojos y mi boca de tu sabor. 
    Para encontrarnos en el mismo tiempo y espacio. 
    Para disfrutarte y que me disfrutes, 
    para tocarte y que me toques. 
    Para que supieras que yo estaba aquí para que me tomaras. 
    Y que me dejaras tomarte a ti 
    no fuiste antes ni después, fuiste a tiempo. 
    A tiempo para que me enamorara de ti.

    • Después de todo -pero después de todo- 
      sólo se trata de acostarnos juntos, 
      se trata de la carne, 
      de los cuerpos desnudos, 
      lámpara de la muerte en el mundo. 

      Gloria degollada, sobreviviente 
      del tiempo sordomudo 
      mezquina paga de los que mueren juntos. 

    • Sólo en sueños, 
      sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
      a ciertas horas, cuando cierro puertas 
      detrás de mí. 
      ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
      y ahora estoy preso en su sortilegio, 
      atrapado en su red! 

    • No es nada de tu cuerpo 
      ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, 
      ni ese lugar secreto que los dos conocemos, 
      fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. 
      No es tu boca -tu boca 
      que es igual que tu sexo-, 
      ni la reunión exacta de tus pechos, 

    • Pasa el lunes y pasa el martes 
      y pasa el miércoles y el jueves y el viernes 
      y el sábado y el domingo, 
      y otra vez el lunes y el martes 
      y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere 
      dormir, 
      la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón 

    • Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
      Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
      Nada queda de mí después de este amor. 

      Entre los escombros de mi alma, búscame, 
      escúchame. 
      En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
      pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

    • Un ropero, un espejo, una silla, 
      ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, 
      la noche como siempre, y yo sin hambre, 
      con un chicle y un sueño, una esperanza. 
      Hay muchos hombres fuera, en todas partes, 
      y más allá la niebla, la mañana. 

    banner cuadrado de Audible
    banner horizontal de Audible