Ten una voz, mujer, que pueda decir mis versos y pueda volverme sin enojo, cuando sueñe desde el cielo a la tierra... Ten una voz, mujer, que cuando me despierte no me hiera... Ten una voz, mujer, que no haga daño cuando me pregunte: ¿qué piensas? Ten una voz, mujer, que pueda cuando yo esté contando las estrellas decirme de tal modo ¿qué cuentas? que al volver hacia ti los ojos crea que pasé contando de una estrella a otra estrella. Ten una voz, mujer, que sea cordial como mi verso y clara como una estrella.
Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios.