He llegado al final... ¿Quién me ha traído hasta aquí... y por qué me han traído hasta aquí? Yo no quería cantar... Y ahora parece que este era solo mi destino: cantar, rezar, gritar, llorar, blasfemar... Y con una voz de publicano, con una voz de energúmeno, con una voz parda, rota, agria, irritante... ¿Y tengo que dejar todo esto escrito aquí?... Lo dejaré como un pecador que escribe sus pecados y se los dice a su hermano avergonzado. Tal vez todo no sea más que un examen de conciencia para hacer una buena confesión. ¡Pero si Dios lo sabe todo! Mas yo debo pensar que Dios no sabe nada. Y alguien hay en el mundo que no sabe que yo fui un pobre hombre que apenas pudo hablar. ¡Ah, si hubiese podido hablar! Si ahora pudiese decir sencillamente... si pudiese empezar otra vez calladamente diciendo: Yo me confieso, Señor... Ten misericordia de mí.
Pasan los días y los años, corre la vida y uno no sabe por qué vive... Pasan los días y los años, llega la muerte y uno no sabe por qué muere. Y un día el hombre se pone a llorar sin más ni más, sin saber por qué llora por quién llora...
Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios.