'Niebla', de Miguel de Unamuno (1914)

Título: Niebla
Autor: Miguel de Unamuno
Narrador: Francisco Fernández

 

 

CAPÍTULOS

00:00:05 - Prólogo
00:19:28 - Postprólogo
00:22:08 - Capítulo I
00:33:00 - Capítulo II
00:44:48 - Capítulo III
00:50:32 - Capítulo IV
01:00:30 - Capítulo V
01:16:24 - Capítulo VI
01:26:51 - Capítulo VII
01:32:30 - Capítulo VIII
01:46:57 - Capítulo IX
01:52:44 - Capítulo X
02:05:45 - Capítulo XI
02:17:40 - Capítulo XII
02:27:35 - Capítulo XIII
02:39:04 - Capítulo XIV
02:54:35 - Capítulo XV
03:05:54 - Capítulo XVI
03:13:46 - Capítulo XVII
03:31:03 - Capítulo XVIII
03:41:40 - Capítulo XIX
03:57:15 - Capítulo XX
04:13:49 - Capítulo XXI
04:26:46 - Capítulo XXII
04:34:54 - Capítulo XXIII
04:57:14 - Capítulo XXIV
05:10:53 - Capítulo XXV
05:18:32 - Capítulo XXVI
05:25:16 - Capítulo XXVII
05:32:17 - Capítulo XXVIII
05:41:03 - Capítulo XXIX
05:52:20 - Capítulo XXX
06:05:10 - Capítulo XXXI
06:24:30 - Capítulo XXXII
06:42:56 - Capítulo XXXIII

 

 

Se empeña don Miguel de Unamuno en que ponga yo un prólogo a este su libro en que se relata la tan lamentable historia de mi buen amigo Augusto Pérez y su misteriosa muerte, y yo no puedo menos sino escribirlo, porque los deseos del señor Unamuno son para mí mandatos, en la más genuina acepción de este vocablo. Sin haber yo llegado al extremo de escepticismo hamletiano de mi pobre amigo Pérez, que llegó hasta a dudar de su propia existencia, estoy por lo menos firmemente persuadido de que carezco de eso que los psicólogos llaman libre albedrío, aunque para mi consuelo creo también que tampoco goza don Miguel de él.

Parecerá acaso extraño a alguno de nuestros lectores que sea yo, un perfecto desconocido en la república de las letras españolas, quien prologue un libro de don Miguel que es ya ventajosamente conocido en ella, cuando la costumbre es que sean los escritores más conocidos los que hagan en los prólogos la presentación de aquellos otros que lo sean menos. Pero es que nos hemos puesto de acuerdo don Miguel y yo para alterar esta perniciosa costumbre, invirtiendo los términos, y que sea el desconocido el que al conocido presente. Porque en rigor los libros más se compran por el cuerpo del texto que no por el prólogo, y es natural por lo tanto que cuando un joven principiante como yo desee darse a conocer, en vez de pedir a un veterano de las letras que le escriba un prólogo de presentación, debe rogarle que le permita ponérselo a una de sus obras. Y esto es a la vez resolver uno de los problemas de ese eterno pleito de los jóvenes y los viejos.

Unenme, además, no pocos lazos con don Miguel de Unamuno. Aparte de que este señor saca a relucir en este libro, sea novela o nivola –y conste que esto de la nivola es invención mía–, no pocos dichos y conversaciones que con el malogrado Augusto Pérez tuve, y que narra también en ella la historia del nacimiento de mi tardío hijo Victorcito, parece que tengo algún lejano parentesco con don Miguel, ya que mi apellido es el de uno de sus antepasados, según doctísimas investigaciones genealógicas de mi amigo Antolín S. Paparrigópulos, tan conocido en el mundo de la erudición.