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'El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde', de Robert Louis Stevenson (1886)

Título: El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde
Autor: Robert Louis Stevenson
Narrador: Francisco Fernández

 

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CAPÍTULOS

00:00:10 - 1. Historia de la puerta
00:17:07 - 2. En busca de Mr. Hyde
00:40:09 - 3. El Dr. Jekyll estaba completamente tranquilo
00:46:25 - 4. El caso del asesinato de Carew
00:59:03 - 5. El incidente de la carta
01:12:17 - 6. El notable incidente del Dr. Lanyon
01:24:14 - 7. Incidente en la ventana
01:28:38 - 8. La última noche
02:00:53 - 9. Relato del Dr. Lanyon
02:20:29 - 10. Declaración completa de Henry Jekyll sobre el caso

 

 

El Sr. Utterson, el abogado, era un hombre de rostro duro en el cual no brillaba jamás una sonrisa; frío, lacónico y confuso en su modo de hablar; poco expansivo; flaco, alto, de porte descuidado, triste, y sin embargo, capaz no sé por qué, de inspirar afecto. En las reuniones de amigos, y cuando el vino era de su gusto, había en todo su ser algo eminentemente humano que chispeaba en sus ojos; pero ese no sé qué, nunca se traducía en palabras; sólo lo manifestaba por medio de esos síntomas mudos que aparecen en el rostro después de la comida, y de un modo más ostensible, por los actos de su vida. Era rígido y severo para consigo mismo; bebía ginebra cuando se hallaba solo, para mortificarse por su afición al vino; y, aunque le agradaba el teatro, hacía veinte años que no había penetrado por la puerta de ninguno. Pero tenía para con los demás una tolerancia particular; á veces se sorprendía, no sin una especie de envidia, de las desgracias ocurridas á hombres inteligentes, complicados ó envueltos en sus propias maldades, y siempre procuraba más bien ayudar que censurar. "Me inclino,—tenía por costumbre decir, no sin cierta agudeza—hacia la herejía de Caín; dejo que mi hermano siga su camino en busca del diablo." Con ese carácter, resultaba á menudo, que era el último conocido honrado y la última influencia buena para aquellos cuya vida iba á mal fin; y aún á esos, durante todo el tiempo que andaban á su alrededor, jamás llegaba á demostrar ni siquiera la sombra de un cambio en su manera de ser.

 

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