Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya

    La chica de la larga cabellera de rizos tostados solía pasearse por las faldas del Montdúver.
    Ojos de pantera brillaban tras las chispeantes y kilométricas pestañas.
    Cogía impulso en las pendientes, ocultaba el sol con su melena y, grácilmente, aterrizaba sobre la blanca alfombra que viste la silueta del Mediterráneo.
    Se sacudía la arena con sensuales movimientos de oro... y millares de partículas giraban en todas las direcciones del Universo.
    Luego, clavaba su pícara mirada en quien quiera que fueses y, sonriendo, se zambullía en el añil y verde mar, con un sordo chapoteo.
    Y con cada una de sus brazadas del oleaje surgían centenares de mariposas.
    Y las mariposas eran de todos los colores del Universo.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Estoy tumbado en el sofá.
      Ella, sentada en su sillón.
      Nuestras manos, enlazadas.
      Y en la tele, María Teresa Campos, Ana Obregón, y todo el equipo.
      Ella recuerda sus tiempos de novia.
      Me pregunta por la mía.
      Sonrío, y le acaricio los nudillos.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
      Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
      Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

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