Triqui triqui, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Triqui triqui

    Nochebuena.
    El rey ya ha balbuceado su arenga.
    La familia se reúne en torno a una mesa invadida por vieiras gratinadas y langostinos.
    En las copas, el vino ecológico de tía M.
    En los cuerpos, sus efectos.

    Con el transcurrir de los platos, la charla se vuelve picarona.
    Mi padre cuenta que, en más de una ocasión, escuchó a los suyos hacer el amor.

    La yaya protesta.
    'Es que el yayo era muy escandaloso'.

    Papá aporta detalles.
    'Me acuerdo de un día que estuvieron una hora, triqui triqui, triqui triqui, triqui triqui... Y yo, en la cama, mirando el reloj con cara de espanto'.
    Todos reímos.
    La yaya también, aunque se tapa la cara, avergonzada.

    Cuando retira las manos
    ha rejuvenecido veinte años.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Estoy tumbado en el sofá.
      Ella, sentada en su sillón.
      Nuestras manos, enlazadas.
      Y en la tele, María Teresa Campos, Ana Obregón, y todo el equipo.
      Ella recuerda sus tiempos de novia.
      Me pregunta por la mía.
      Sonrío, y le acaricio los nudillos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
      Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
      Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

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