Compañera de celda, de Ana Merino | Poema

    Poema en español
    Compañera de celda


    No me obligues a vivir 
    como si cada instante 
    fuese la tarea acumulada 
    que dejamos para el último minuto. 

    Si quieres ser mi cuerpo 
    no me robes la calma 
    ni la penumbra de la tarde 
    que nace tras la bruma 
    de un bosque encantado. 

    He huido tantas veces de ti, 
    pero siempre estás a mi lado. 
    Tus rodillas y mi forma de llorar, 
    tus manos y mi sudor, 
    tus ojos y mi mirada. 

    No me obligues a vivir 
    pensando que no tienes ganas 
    de hacerte vieja conmigo, 
    que existo en ti por inercia, 
    que no te importa que me duela 
    saberte tan frágil. 

    He tratado de ignorarte, 
    de evitar la sensación 
    de tus dedos 
    cuando sienten la extrañeza 
    de unos síntomas grises. 

    Mi angustia 
    como un aliento fantasma 
    se aferra al sueño de la vida 
    y aprende a sonreír 
    con tu boca a los médicos. 

    Si quieres ser mi cuerpo 
    déjame adormecerme en tus párpados, 
    soñar que somos una sola, 
    y tú no me traicionas 
    en la mesa de un quirófano, 
    que vas a despertarte conmigo 
    de la misma pesadilla, 
    que vas a sentirme 
    más viva que nunca en tu garganta. 

    No me obligues a madurar 
    aprendiendo a leer 
    el mapa de cicatrices de tu cuerpo, 
    no quiero reconocer otra herida 
    ni que confundas 
    el desamor con las enfermedades 
    y sus nudos de fiebre. 

    Que no pague tu cuerpo mis pecados 
    en el naufragio azul de los océanos, 
    que la distancia sea 
    un reloj de metal y una tarde de nieve 
    donde la vida quiera 
    aprender a besarme en tus labios. 



    • No me obligues a vivir 
      como si cada instante 
      fuese la tarea acumulada 
      que dejamos para el último minuto. 

      Si quieres ser mi cuerpo 
      no me robes la calma 
      ni la penumbra de la tarde 
      que nace tras la bruma 
      de un bosque encantado.