La intimidad, de Antonio Cabrera | Poema

    Poema en español
    La intimidad


    Vine hasta aquí para escuchar la voz, 
    la voz que según dicen nos habla desde dentro 
    y endulza la verdad si la verdad 
    merece una degustación serena, 
    o la hace más amarga si es amarga, 
    con sólo pronunciar la negra hiel 
    que ha reposado intacta entre sus sílabas. 
    Vine hasta aquí para escuchar la voz 
    que no sabe, ni quiere, ni podría engañarnos. 

    Elegí este lugar de belleza imprevista. 
    (Llegué hasta él casualmente un día de abril 
    por el que navegaban nubes grandes, 
    manchas oscuras sobre el suelo, pruebas 
    acaso necesarias de que la luz habita 
    entre nosotros: esa transparencia 
    que olvidamos y que es, al mismo tiempo, 
    difícil y evidente. ) 
    Diré por qué es tan bello este lugar: 
    forma un valle cerrado entre montes boscosos, 
    un circo escueto que circundan peñas 
    rojizas, donde el viento es un cuervo 
    delicado aunque fúnebre; 
    los hombres han arado su parte más profunda, 
    y allí crece el olivo y unos pocos almendros 
    y un ciprés y una acacia; las sombras del pinar 
    asedian desde entonces las lindes de estos campos, 
    su yerba luminosa, y el pedregal resiste 
    como un altar al sol; todo tiene una pátina 
    de realidad, un ansia, un prestigio remoto. 

    Porque creí que este silencio era 
    igual al de una estancia solitaria, 
    vine a escuchar la voz que desde dentro 
    nos habla de nosotros mismos. Pero 
    pasa el tiempo y escucho solamente 
    la prisa del lagarto que escapa de mi lado 
    y el vuelo siseante de la abeja, 
    no mi voz interior. 

    Todo es externo. 
    Y las palabras vienen 
    a mí y en mí se dicen ellas solas: 
    la ladera encendida bajo la nube exacta, 
    el bronce del lentisco, 
    una roca que el liquen acaricia... 
    Lo íntimo es el mundo. Con su callado oxígeno 
    sofoca sin remedio la voz que quiere hablar, 
    la disuelve, la absorbe. 

    He venido hasta aquí para escucharme 
    y todo lo que alienta o es presente 
    me ha hecho enmudecer para decirse. 



    • Vine hasta aquí para escuchar la voz, 
      la voz que según dicen nos habla desde dentro 
      y endulza la verdad si la verdad 
      merece una degustación serena, 
      o la hace más amarga si es amarga, 
      con sólo pronunciar la negra hiel