Depreciación al minuto iluminado, de Augusto Roa Bastos | Poema

    Poema en español
    Depreciación al minuto iluminado


    Aguarda un poco más. No te me escurras 
    por la grieta del tiempo, ni te poses 
    en la rama del árbol que envejece. 
    No te vayas minuto con el polen 
    de mi angustia final hecha milagro, 
    espera un poco a que le ponga un nombre... 

    Soledad sin remedio de mis horas 
    que en roja espuma de dolor se rompen, 
    y ni a mojar alcanzan mi silencio 
    con humedad de lágrimas salobres. 
    Desamparada soledad que me hace 
    día a día bajar hasta los hombres 
    a ganarme mi pan con mis dos manos, 
    negándome el reposo de la noche: 
    ese subir peldaños de trasmudos 
    para moler mi trigo de emociones 
    en los altos molinos de mis sueños. 

    ¡Qué dura tiranía es para el pobre 
    la del pan que le roba sus poemas, 
    y le seca el tumulto de sus voces, 
    y le muerde la sangre con la angustia 
    del más grande de todos los dolores: 
    el no poder dejar ni una palabra 
    de su mensaje eterno entre los hombres! 

    ¿No bastaron los pájaros del cielo, 
    los inocentes vientos labradores, 
    la parda tierra y el azul del aire, 
    a poner en tu esencia el horizonte 
    de esperanzada luz que no se quiebra, 
    limpio trigo de amor, para que tornes 
    a ser después el pan cuya victoria 
    duele tan hondo en la profunda noche? 

    ¿Qué te costaba ser, trigo divino, 
    hostia de redención para los hombres? 

    Por eso aquí, minuto iluminado, 
    vilano que encintilas tornasoles, 
    mientras muevo la noria no te huyas, 
    ingrávido detente, no te poses 
    en la rama del árbol que envejece. 

    Ya que has hecho bullir dormidas voces, 
    agrietando mi angustia desvelada 
    y encendiendo mi sangre con tu polen..., 
    espera un poco a que sacuda el polvo 
    de mis manos esclavas de resortes, 
    y pueda al fin subir sereno y fuerte 
    para moler mi trigo de emociones 
    a los altos molinos de mis sueños.