No tanto la clara fuente, de Ausiàs March | Poema

    Poema en español
    No tanto la clara fuente

    ... No tanto la clara fuente 
    desea ciervo herido, 
    como yo, vuestro rendido, 
    estaros siempre presente. 
    Al grande y dulce reposo 
    do está mi contentamiento, 
    por otra puente no siento 
    hallar otro paso, ni oso. 

    Tarde me llega aquel día, 
    para mí tan deseado, 
    muy caramente comprado 
    con dolor y pena mía. 

    Pero al fin, tarde o temprano, 
    que ha de venir estoy cierto, 
    si muerte el camino abierto 
    no lo cierra con su mano. 

    No puedo ser de esperanza 
    por ningún caso lanzado, 
    porque, señora, os he amado 
    según bienaventuranza. 

    Y de vos favorescido 
    contra mí cosa no siento, 
    si vuestro consentimiento 
    me otorga lo que le pido. 

    De grandes dolores siento 
    un monte delante puesto, 
    de mil estorbos que opuesto 
    se han a mi contentamiento. 

    De mí preguntaros nueva, 
    señora, tengo temor, 
    dudando que no hay amor 
    para mí puesta a la prueba. 

    Y de no sabello temo 
    vivir en mayor tormento 
    y estos dos males que siento 
    por cualquier lado me quemo. 

    No está a vos el contentaros 
    de cumplir lo que yo pido, 
    si bien queráis por partido 
    contra vos misma forzaros. 

    Amor, amor es aquel 
    que es fuerza que os aconseje 
    para que mi bien se deje 
    en vos cumplido y en él. 

    Cosa alguna os dé temor 
    de que rescibáis despecho, 
    mis pensamientos han hecho 
    la verdad de su color. 

    Que serviros habrá sido 
    en firmeza confirmados; 
    de tal suerte de criados 
    quiere ser amor servido. 

    Si mentira os paresciere 
    este lenguaje que oís, 
    o vos sin amor vivís 
    o no sabéis lo que quiere. 

    Muy mal puede reposar 
    quien siente aqueste tormento, 
    tan sólo en el movimiento 
    tendréis siguro lugar. 

    Traducido por Francisco de Quevedo 

    • Ausiàs March

      ... Velas y vientos cumplan mi deseo, 
      siguiendo dudosos caminos por la mar. 
      Mistral y Poniente contra ellos veo fraguar, 
      más Siroco y Levante les ayudarán 
      junto con sus amigos Gregal y Mediodía, 
      que humildemente ruegan al viento tramontana