'A la luna', de Diego Hurtado de Mendoza | Poema 🎧📚

Título: A la luna
Autor: Diego Hurtado de Mendoza
Narrador: Francisco Fernández

 

 

A la luna

 

A vos la cazadora gorda y flaca
que nunca os falta el moco y romadizo,
¿por qué un pastor a oscuras os lo hizo,
si de casta os precia, doña Bellaca?

Y si en la matadura de una jaca
os cebáis al entrar por cobertizo,
¿por qué traéis el mar espantadizo,
que no es poco sorberse una carraca?

Todos dicen que es Luna a trochemoche,
y tráenos el seso a la redonda
con esta vanidad e hipocresía;

pues si el sol no alumbrase a la cachonda,
no alcanzara más luz su señoría
que el rabo de una negra a medianoche.

 

A la luna

A vos la cazadora gorda y flaca
que nunca os falta el moco y romadizo,
¿por qué un pastor a oscuras os lo hizo,
si de casta os precia, doña Bellaca?
Y si en la matadura de una jaca
os cebáis al entrar por cobertizo,
¿por qué traéis el mar espantadizo,
que no es poco sorberse una carraca?
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Gutierre de Cetina poemas

Madrigal

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
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Libros

Niños soldados, mozos capitanes...

Niños soldados, mozos capitanes,
sargentos que en su vida han visto guerra,
generales en cosas de la tierra,
almirantes con damas muy galantes.
Alféreces de bravos ademanes,
nueva milicia que la antigua encierra,
hablar extraño, parecer que a tierra,
turcos rapados, crespos alemanes.
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Lope de Vega

A mis soledades voy...

A mis soledades voy.
De mi soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué, tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!
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Francisco de Terrazas

Soneto a una dama que despabiló una vela con los dedos

El que es de algún peligro escarmentado,
suele temerle más que quien lo ignora,
por eso temí el fuego en vos, señora,
cuando de vuestros dedos fue tocado.
Mas, ¿vistes qué temor tan excusado
del daño que os hará la vela agora?
Si no os ofende el vivo que en mí mora
¿cómo os podrá ofender luego pintado?
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