'El viejo y el mar', de Ernest Hemingway

Título: El viejo y el mar
Autor: Ernest Hemingway
Narrador: Francisco Fernández

 

Haz clic en la imagen para acceder al audiolibro completo

 

Era un viejo que pescaba solo en un esquife en la corriente del Golfo y llevaba ochenta y cuatro días sin hacer una sola captura. Los primeros cuarenta días le había acompañado un muchacho. Pero, después de tantos días sin pescar un solo pez, los padres del chico dijeron que el viejo estaba decidida e irremediablemente salao, lo que equivale al colmo de la mala suerte y, obedeciendo sus órdenes, el chico se había embarcado en otro bote que pescó tres peces de buen tamaño la primera semana. Al muchacho le daba lástima ver al viejo volver cada día con el esquife vacío y siempre procuraba ayudarle a cargar con los rollos de sedal, con el bichero y el arpón, y con la vela que llevaba aferrada en torno al mástil. Estaba remendada con sacos de harina y, recogida, parecía el estandarte de una eterna derrota.

El viejo era flaco y reseco y tenía la nuca surcada de profundas arrugas. Las manchas marrones del cáncer benigno de piel que produce el reflejo del sol en el mar tropical teñían sus mejillas. Dichas manchas se extendían por ambos lados de la cara y sus manos tenían las agrietadas cicatrices que causa el sedal al manipularlo cuando pican peces grandes. Pero ninguna de ellas era reciente. Eran viejas como surcos en un desierto sin peces.

Todo en él era viejo excepto sus ojos, que tenían el mismo color que el mar y eran alegres e indómitos.

 

Autor/es
  • Albert Camus

    Hoy mamá ha muerto. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.


  • George Orwell

    Era un día frío y luminoso de abril y los relojes estaban dando las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en un esfuerzo por escapar al desagradable viento, pasó a toda prisa entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no lo bastante rápido para impedir que se colara tras él un remolino de polvo y suciedad.


  • Fedor Dostoyevski

    Era una noche prodigiosa, una de esas noches que sólo cuando somos jóvenes nos es dado contemplar. El cielo aparecía tan claro que, aun sin querer, al mirarlo, no había más remedio que preguntarse si bajo un cielo semejante podían vivir criaturas perversas. Forzoso es reconocer que semejante cuestión sólo se la plantea uno cuando es joven, muy joven. ¡Ojalá Dios reviva con frecuencia esa edad en vuestra alma!


  • Ernest Hemingway

    Era un viejo que pescaba solo en un esquife en la corriente del Golfo y llevaba ochenta y cuatro días sin hacer una sola captura. Los primeros cuarenta días le había acompañado un muchacho. Pero, después de tantos días sin pescar un solo pez, los padres del chico dijeron que el viejo estaba decidida e irremediablemente salao, lo que equivale al colmo de la mala suerte y, obedeciendo sus órdenes, el chico se había embarcado en otro bote que pescó tres peces de buen tamaño la primera semana.