Poemas heroicos, de Federico García Lorca | Poema

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Título: Poemas heroicos
Autor: Federico García Lorca
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Poemas heroicos

 

Bajo el emparrado invisible del viento Psiquis se bañaba en la pupila temblorosa de un bosquecillo. Inocente y desnuda, era en el centro de las ondas el rosado pistilo de la flor inmensa del manantial. Los ojos de la niña diosa ven cómo las estrellas abren sus párpados blancos, cómo el cabritillo mama en la ubre enorme de su madre, cómo en la cima de la fronda se eleva otra espectral con los troncos de humo azul. Los oídos de la diosa niña ven cómo la esquila pone en el silencio su lenta constelación de sonidos, cómo las líricas agujas de la flauta clavan el airecillo de las lejanías, cómo el cuerno retorcido del Unicornio penetra en el vientre duro del Macho cabrío.

Por el cielo del bosque donde se baña Psiquis pasa una paloma y otra y otra como un zodíaco de pájaros. Un halo marino tiembla en las cumbres de los montes, y en el pecho de la niña brota una mariposa desconocida, cuyas alas son dos senos irisados. La mariposa mojó la punta de sus antenas en los labios de la virgen y tendió su vuelo hacia la noche que venía por el poniente ofreciendo sus joyas a cambio de una mirada.

El cuerpo de Psiquis se puso blanco y frío como un nardo al que le arrebatasen bruscamente su perfume. ¡Oh, Mariposa! —dice—, vete invisible y vuelve invisible, vete por el aire y regresa por el aire, cuéntame tus vuelos por los horizontes lejanos que yo te espero dormida en el jardín de amapolas azules que tiene el Sueño. ¡Oh, Mariposa!, entre la fuente y la estrella no se levante el Laberinto donde la Confusión se pasea preguntando y respondiendo a la vez. ¡Oh, Mariposa!, mientras tú vuelas, los caracoles adornan mis cabellos extendidos al borde del agua y las arañas con sus hilos de luna, oh. Mariposa, vestirán mi cuerpo desnudo, y yo seré como un arpa yacente que, pulsada por la brisa, llore tu ausencia. Psiquis se ha quedado tendida entre las ondas y las pestañas del manantial. Por su magnífico vientre ruedan dos últimas gotas de agua.

(El mundo tiene dos movimientos, uno de rotación alrededor de su eje y otro de traslación alrededor del Sol.)

 

  • Thamar y Amnón

    La luna gira en el cielo
    sobre las tierras sin agua
    mientras el verano siembra
    rumores de tigre y llama.
    Por encima de los techos
    nervios de metal sonaban.
    Aire rizado venía
    con los balidos de lana.
    ...

  • Burla de don Pedro a caballo

    Por una vereda
    venía Don Pedro.
    ¡Ay cómo lloraba
    el caballero!
    Montado en un ágil
    caballo sin freno,
    venía en la busca
    del pan y del beso.
    ...

  • Telégrafo

    La estación estaba solitaria. Un hombre iba y otro venía. A veces la lengua de la campana mojaba de sonidos balbucientes sus labios redondos. Dentro se oía el rosario entrecortado del telégrafo. Yo me tumbé cara al cielo y me fui sin pensar a un raro país donde no tropezaba con nadie, un país que flotaba sobre un río azulado.

  • Romance de la luna, luna

    La luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos.
    El niño la mira mira.
    El niño la está mirando.
    En el aire conmovido
    mueve la luna sus brazos
    y enseña, lúbrica y pura,
    sus senos de duro estaño.
    ...

  • Imagen
    Paul Géraldy

    Despedida

    Paul Géraldy

    Conque entonces, adiós. ¿No olvidas nada?
    Bueno, vete... Podemos despedirnos.
    ¿Ya no tenemos nada qué decirnos?
    Te dejo, puedes irte...
    Aunque no, espera, espera todavía
    que pare de llover... Espera un rato.
    Y sobre todo, ve bien abrigada,
    pues ya sabes el frío que hace allí afuera.
    ...

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    César Vallejo

    Voy a hablar de la esperanza

    César Vallejo

    Yo no sufro este dolor como César Vallejo.
    Yo no me duelo ahora como artista,
    como hombre ni como simple ser vivo siquiera.
    Yo no sufro este dolor como católico,
    como mahometano ni como ateo.
    Hoy sufro solamente.
    Si no me llamase César Vallejo,
    también sufriría este mismo dolor.
    ...

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    José María Eguren

    La niña de la lámpara azul

    José María Eguren

    En el pasadizo nebuloso
    cual mágico sueño de Estambul,
    su perfil presenta destelloso
    la niña de la lámpara azul.
    Ágil y risueña se insinúa,
    y su llama seductora brilla,
    tiembla en su caballo la garúa
    de la playa de la maravilla.
    ...

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    Rubén Darío

    Lo fatal

    Rubén Darío

    Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
    y más la piedra dura porque esa ya no siente,
    pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
    Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
    y el temor de haber sido y un futuro terror...
    Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
    y sufrir por la vida y por la sombra y por
    ...