Federico García Lorca

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Romancero gitano, de Federico García Lorca

'Romancero gitano', de Federico García Lorca

Título: Romancero gitano
Autor: Federico García Lorca
Narrador: Francisco Fernández

 

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.



Poemas de Federico García Lorca



  • Burla de don Pedro a caballo

    Por una vereda
    venía Don Pedro.
    ¡Ay cómo lloraba
    el caballero!
    Montado en un ágil
    caballo sin freno,
    venía en la busca
    del pan y del beso.
    ...




  • Preciosa y el aire

    Su luna de pergamino
    Preciosa tocando viene
    por un anfibio sendero
    de cristales y laureles.
    El silencio sin estrellas,
    huyendo del sonsonete,
    cae donde el mar bate y canta
    su noche llena de peces.
    ...




  • Muerto de amor

    ¿Qué es aquello que reluce
    por los altos corredores?
    Cierra la puerta, hijo mío,
    acaban de dar las once.
    En mis ojos, sin querer,
    relumbran cuatro faroles.
    Será que la gente aquella
    estará fregando el cobre.
    ...




  • Martirio de Santa Olalla

    Por la calle brinca y corre
    caballo de larga cola,
    mientras juegan o dormitan
    viejos soldados de Roma.
    Medio monte de Minervas
    abre sus brazos sin hojas.
    Agua en vilo redoraba
    las aristas de las rocas.
    ...




  • San Rafael - Córdoba

    Coches cerrados llegaban
    a las orillas de juncos
    donde las ondas alisan
    romano torso desnudo.
    Coches, que el Guadalquivir
    tiende en su cristal maduro,
    entre láminas de flores
    y resonancias de nublos.
    ...




  • Muerte de Antoñito el Camborio

    Voces de muerte sonaron
    cerca del Guadalquivir.
    Voces antiguas que cercan
    voz de clavel varonil.
    Les clavó sobre las botas
    mordiscos de jabalí.
    En la lucha daba saltos
    jabonados de delfín.
    ...




  • Prendimiento de Antoñito el...

    Antonio Torres Heredia,
    hijo y nieto de Camborios,
    con una vara de mimbre
    va a Sevilla a ver los toros.
    Moreno de verde luna
    anda despacio y garboso.
    Sus empavonados bucles
    le brillan entre los ojos.
    ...




  • Romance del emplazado

    ¡Mi soledad sin descanso!
    Ojos chicos de mi cuerpo
    y grandes de mi caballo,
    no se cierran por la noche
    ni miran al otro lado
    donde se aleja tranquilo
    un sueño de trece barcos.
    Sino que limpios y duros
    ...




  • Reyerta

    En la mitad del barranco
    las navajas de Albacete,
    bellas de sangre contraria,
    relucen como los peces.
    Una dura luz de naipe
    recorta en el agrio verde,
    caballos enfurecidos
    y perfiles de jinetes.
    ...




  • San Gabriel - Sevilla

    Un bello niño de junco,
    anchos hombros, fino talle
    piel de nocturna manzana,
    boca triste y ojos grandes,
    nervio de plata caliente,
    ronda la desierta calle.
    Sus zapatos de charol
    rompen las dalias del aire,
    ...




  • San Miguel - Granada

    Se ven desde las barandas,
    por el monte, monte, monte,
    mulos y sombras de mulos
    cargados de girasoles.
    Sus ojos en las umbrías
    se empañan de inmensa noche.
    En los recodos del aire,
    cruje la aurora salobre.
    ...




  • Romance de la luna, luna

    La luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos.
    El niño la mira mira.
    El niño la está mirando.
    En el aire conmovido
    mueve la luna sus brazos
    y enseña, lúbrica y pura,
    sus senos de duro estaño.
    ...




  • La monja gitana

    Silencio de cal y mirto.
    Malvas en las hierbas finas.
    La monja borda alhelíes
    sobre una tela pajiza.
    Vuelan en la araña gris,
    siete pájaros del prisma.
    La iglesia gruñe a lo lejos
    como un oso panza arriba.
    ...




  • Thamar y Amnón

    La luna gira en el cielo
    sobre las tierras sin agua
    mientras el verano siembra
    rumores de tigre y llama.
    Por encima de los techos
    nervios de metal sonaban.
    Aire rizado venía
    con los balidos de lana.
    ...




  • La casada infiel

    Y que yo me la llevé al río
    creyendo que era mozuela,
    pero tenía marido.
    Fue la noche de Santiago
    y casi por compromiso.
    Se apagaron los faroles
    y se encendieron los grillos.
    En las últimas esquinas
    ...




  • Romance de la Guardia Civil...

    Los caballos negros son.
    Las herraduras son negras.
    Sobre las capas relucen
    manchas de tinta y de cera.
    Tienen, por eso no lloran,
    de plomo las calaveras.
    Con el alma de charol
    vienen por la carretera.
    ...




  • Romance de la pena negra

    Las piquetas de los gallos
    cavan buscando la aurora,
    cuando por el monte oscuro
    baja Soledad Montoya.
    Cobre amarillo, su carne,
    huele a caballo y a sombra.
    Yunques ahumados sus pechos,
    gimen canciones redondas.
    ...




  • Romance sonámbulo

    Verde que te quiero verde.
    Verde viento. Verdes ramas.
    El barco sobre la mar
    y el caballo en la montaña.
    Con la sombra en la cintura
    ella sueña en su baranda,
    verde carne, pelo verde,
    con ojos de fría plata.
    ...




  • Nadadora sumergida

    Yo he amado a dos mujeres que no me querían, y sin embargo no quise degollar a mi perro favorito. ¿No os parece, condesa, mi actitud una de las más puras que se pueden adoptar? Ahora sé lo que es despedirse para siempre. El abrazo diario tiene brisa de molusco.




  • Pequeño poema infinito

    Equivocar el camino
    es llegar a la nieve
    y llegar a la nieve
    es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.
    Equivocar el camino
    es llegar a la mujer,
    la mujer que no teme la luz,
    la mujer que mata dos gallos en un segundo,
    ...




  • Las serpientes

    Hijo mío, hoy van a salir todas [las] serpientes de sus cuevecitas: unas vendrán del Norte, otras vendrán del Sur, otras vendrán de los países del Nunca; saldrán del agua, del cieno, del oro, del corazón.




  • La gallina

    Había una gallina que era idiota. He dicho idiota. Pero era más idiota todavía. Le picaba un mosquito y salía corriendo. Le picaba una avispa y salía corriendo. Le picaba un murciélago y salía corriendo.




  • Telégrafo

    La estación estaba solitaria. Un hombre iba y otro venía. A veces la lengua de la campana mojaba de sonidos balbucientes sus labios redondos. Dentro se oía el rosario entrecortado del telégrafo. Yo me tumbé cara al cielo y me fui sin pensar a un raro país donde no tropezaba con nadie, un país que flotaba sobre un río azulado.




  • Poemas heroicos

    Bajo el emparrado invisible del viento Psiquis se bañaba en la pupila temblorosa de un bosquecillo. Inocente y desnuda, era en el centro de las ondas el rosado pistilo de la flor inmensa del manantial. Los ojos de la niña diosa ven cómo las estrellas abren sus párpados blancos...




  • Paseo

    A través de los ramajes del bosque, la luna redonda era como un blanco músculo inerte con una red de venas moradas. Por el largo paseo entreabierto como un misal enorme iba la doble procesión de los bancos en busca de otros paisajes y otros ritmos.




  • Barcarola

    Todo el romanticismo fue una barcarola... pero una barcarola maravillosa. Si os fijáis un poco, en todas las obras románticas se oye chapotear con lentitud los remos. No hizo la serenata maravillosa, como no consiguió jamás el idilio perfecto, pero inventó y exaltó la barcarola.