'Muerto de amor', de Federico García Lorca | Poema

Título: Muerto de amor
Autor: Federico García Lorca
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Muerto de amor

 

(A Margarita Manso)

 

¿Qué es aquello que reluce
por los altos corredores?
Cierra la puerta, hijo mío,
acaban de dar las once.
En mis ojos, sin querer,
relumbran cuatro faroles.
Será que la gente aquella
estará fregando el cobre.
 
* * *
 
Ajo de agónica plata
la luna menguante, pone
cabelleras amarillas
a las amarillas torres.
La noche llama temblando
al cristal de los balcones,
perseguida por los mil
perros que no la conocen,
y un olor de vino y ámbar
viene de los corredores.
 
* * *
 
Brisas de caña mojada
y rumor de viejas voces,
resonaban por el arco
roto de la media noche.
Bueyes y rosas dormían.
Sólo por los corredores
las cuatro luces clamaban
con el furor de San Jorge.
Tristes mujeres del valle
bajaban su sangre de hombre,
tranquila de flor cortada
y amarga de muslo joven.
Viejas mujeres del río
lloraban al pie del monte,
un minuto intransitable
de cabelleras y nombres.
Fachadas de cal, ponían
cuadrada y blanca la noche.
Serafines y gitanos
tocaban acordeones.
Madre, cuando yo me muera,
que se enteren los señores.
Pon telegramas azules
que vayan del Sur al Norte.
Siete gritos, siete sangres,
siete adormideras dobles,
quebraron opacas lunas
en los oscuros salones.
Lleno de manos cortadas
y coronitas de flores,
el mar de los juramentos
resonaba, no sé dónde.
Y el cielo daba portazos
al brusco rumor del bosque,
mientras clamaban las luces
en los altos corredores.

 

  • Preciosa y el aire

    Su luna de pergamino
    Preciosa tocando viene
    por un anfibio sendero
    de cristales y laureles.
    El silencio sin estrellas,
    huyendo del sonsonete,
    cae donde el mar bate y canta
    su noche llena de peces.
    ...

  • Romance de la luna, luna

    La luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos.
    El niño la mira mira.
    El niño la está mirando.
    En el aire conmovido
    mueve la luna sus brazos
    y enseña, lúbrica y pura,
    sus senos de duro estaño.
    ...

  • Muerto de amor

    ¿Qué es aquello que reluce
    por los altos corredores?
    Cierra la puerta, hijo mío,
    acaban de dar las once.
    En mis ojos, sin querer,
    relumbran cuatro faroles.
    Será que la gente aquella
    estará fregando el cobre.
    ...

  • Martirio de Santa Olalla

    Por la calle brinca y corre
    caballo de larga cola,
    mientras juegan o dormitan
    viejos soldados de Roma.
    Medio monte de Minervas
    abre sus brazos sin hojas.
    Agua en vilo redoraba
    las aristas de las rocas.
    ...

  • Rubén Darío

    Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
    y más la piedra dura porque esa ya no siente,
    pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
    Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
    y el temor de haber sido y un futuro terror...
    Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
    y sufrir por la vida y por la sombra y por
    ...

  • Federico García Lorca

    Su luna de pergamino
    Preciosa tocando viene
    por un anfibio sendero
    de cristales y laureles.
    El silencio sin estrellas,
    huyendo del sonsonete,
    cae donde el mar bate y canta
    su noche llena de peces.
    ...

  • Mario Benedetti

    Quizá fue una hecatombe de esperanzas
    un derrumbe de algun modo previsto
    ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido
    todas mis intuiciones se asomaron
    para verme sufrir
    y por cierto me vieron
    hasta aquí había hecho y rehecho
    mis trayectos contigo
    ...

  • Ángel González

    Te llaman porvenir
    porque no vienes nunca.
    Te llaman: porvenir,
    y esperan que tú llegues
    como un animal manso
    a comer en su mano.
    Pero tú permaneces
    más allá de las horas,
    ...