Nadie vendrá a salvarnos. Ninguna esfinge nos dirá si hemos acertado antes de afilar su ingenio.
Los corruptos no comparten método ni criterio con los justos. No reparten tampoco el triunfo que a los propios es ajeno.
Al primer cuarto del veintiuno España es un atraco de cien años, a merced del préstamo usurero al amparo del político-esperpento.
Alternancia de los chupópteros nacionales, simultáneo pillaje de regionales y alcaldes; los clanes, las tramas, los reales; las casas, desahucios, los crespones.
Nadie vendrá a salvarnos. La justicia peca en los pecados mayores; dispone apenas de las minutas del ladrón a su alcance. La mentira normaliza en las portadas que la verdad llega siempre tarde.
Juego de niños: chivato culpable. Sentencia austera si el fiscal se atreve a dudar de los fundadores a manos llenas tras el acorde.
No vendrá a salvarnos ni el rubor de los corderos ni el rugir de los militares.
También podemos subir al monte, cultivarnos como quien se hace el valiente, a esperar, otra vez, que la historia entierre lo que el miedo a tiempo no juzgue.