La luna, de Jaime Sabines | Poema

    Poema en español
    La luna

    La luna se puede tomar a cucharadas 
    o como una cápsula cada dos horas. 
    Es buena como hipnótico y sedante 
    y también alivia 
    a los que se han intoxicado de filosofía. 
    Un pedazo de luna en el bolsillo 
    es mejor amuleto que la pata de conejo: 
    sirve para encontrar a quien se ama, 
    para ser rico sin que lo sepa nadie 
    y para alejar a los médicos y las clínicas. 
    Se puede dar de postre a los niños 
    cuando no se han dormido, 
    y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos 
    ayudan a bien morir. 

    Pon una hoja tierna de la luna 
    debajo de tu almohada 
    y mirarás lo que quieras ver. 
    Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 
    para cuando te ahogues, 
    y dale la llave de la luna 
    a los presos y a los desencantados. 
    Para los condenados a muerte 
    y para los condenados a vida 
    no hay mejor estimulante que la luna 
    en dosis precisas y controladas.

    • Después de todo -pero después de todo- 
      sólo se trata de acostarnos juntos, 
      se trata de la carne, 
      de los cuerpos desnudos, 
      lámpara de la muerte en el mundo. 

      Gloria degollada, sobreviviente 
      del tiempo sordomudo 
      mezquina paga de los que mueren juntos. 

    • Sólo en sueños, 
      sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
      a ciertas horas, cuando cierro puertas 
      detrás de mí. 
      ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
      y ahora estoy preso en su sortilegio, 
      atrapado en su red! 

    • No es nada de tu cuerpo 
      ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, 
      ni ese lugar secreto que los dos conocemos, 
      fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. 
      No es tu boca -tu boca 
      que es igual que tu sexo-, 
      ni la reunión exacta de tus pechos, 

    • Pequeña del amor, tú no lo sabes, 
      tú no puedes saberlo todavía, 
      no me conmueve tu voz 
      ni el ángel de tu boca fría, 
      ni tus reacciones de sándalo 
      en que perfumas y expiras, 
      ni tu mirada de virgen 
      crucificada y ardida. 

    • Pasa el lunes y pasa el martes 
      y pasa el miércoles y el jueves y el viernes 
      y el sábado y el domingo, 
      y otra vez el lunes y el martes 
      y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere 
      dormir, 
      la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón 

    • Un ropero, un espejo, una silla, 
      ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, 
      la noche como siempre, y yo sin hambre, 
      con un chicle y un sueño, una esperanza. 
      Hay muchos hombres fuera, en todas partes, 
      y más allá la niebla, la mañana. 

    • Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
      Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
      Nada queda de mí después de este amor. 

      Entre los escombros de mi alma, búscame, 
      escúchame. 
      En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
      pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

    banner cuadrado de Audible
    banner horizontal de Audible