Como ha de ser tu voz, de León Felipe | Poema

    Poema en español
    Como ha de ser tu voz

    Ten una voz, mujer, 
    que pueda 
    decir mis versos 
    y pueda 
    volverme sin enojo, cuando sueñe 
    desde el cielo a la tierra... 
    Ten una voz, mujer, 
    que cuando me despierte no me hiera... 
    Ten una voz, mujer, que no haga daño 
    cuando me pregunte: ¿qué piensas? 
    Ten una voz, mujer, 
    que pueda 
    cuando yo esté contando 
    las estrellas 
    decirme de tal modo 
    ¿qué cuentas? 
    que al volver hacia ti los ojos 
    crea 
    que pasé contando 
    de una estrella 

    otra estrella. 
    Ten una voz, mujer, que sea 
    cordial como mi verso 
    y clara como una estrella. 

    • Yo no sé muchas cosas, es verdad. 
      Digo tan sólo lo que he visto. 
      Y he visto: 
      que la cuna del hombre la mecen con cuentos, 
      que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, 
      que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, 

    • Aquí estoy... 
      En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando 
          a que me llamen... 
      Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita 
          y condenada 
      y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro 
          y me ha dicho severo: 

    • Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco, 
      soy nuevo en la ciudad... Y esto quiere decir: 
      Me durmieron con un cuento... 
      y me he despertado con un sueño. 
      Voy a contar mi sueño, narradores de cuentos. 
      Voy a contar mi sueño. 
      Es un sueño sin lazos, 

    • Pasan los días y los años, corre la vida 
      y uno no sabe por qué vive... 
      Pasan los días y los años, llega la muerte 
      y uno no sabe por qué muere. 
      Y un día el hombre se pone a llorar sin más ni más, 
      sin saber por qué llora 
      por quién llora... 

    • Ahora camino de noche 
      porque las noches son claras... 
      Y esta noche no hubo luna, 
      no hubo luna amiga y blanca... 
      y había pocas estrellas, 
      pocas estrellas y pálidas... 

      Y era todo triste sin la luna amiga... 
      y era todo negro sin la luna blanca. 

    • Oí tocar a los grandes violinistas del mundo, 
      a los grandes 'virtuosos'. 
      Y me quedé maravillado. 
      ¡Si yo tocase así!... ¡Como un 'Virtuoso'! 
      Pero yo no tenía 
      escuela 
      ni disciplina 
      ni método... 
      Y sin estas tres virtudes 

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