Ausencia, de Manuel Machado | Poema

    Poema en español
    Ausencia

    No tienes quien te bese 
    tus labios de grana, 
    Ni quien tu cintura elástica estreche, 
    dice tu mirada. 

    No tienes quien hunda 
    Las manos amantes 
    en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros 
    no se asoma nadie. 

    Dice tu mirada 
    que de noche, a solas, 
    suspiras y dices en la sombra tibia 
    las terribles cosas... 

    Las cosas de amores 
    que nadie ha escuchado, 
    esas que se dicen los que bien se quieren 
    a eso de las cuatro. 

    A eso de las cuatro 
    de la madrugada, 
    cuando invade un poco de frío la alcoba 
    y clarea el alba. 

    Cuando yo me acuesto, 
    fatigado y solo, 
    pensando en tus labios de grana, en tu pelo 
    y en tus ojos negros...

    • Largas tardes campestres; 
      alamedas rosadas; 
      aire delgado que el aroma apenas 
      sostiene de la acacia; 
      huerto, pinar... Llanuras de oro viejo, 
      azul de la montaña... 
      Esquilas del arambre 
      y balido, sin fin, de la majada, 
      en el silencio claro... 

    • A Rubén Darío 
       
      La hora cárdena... La tarde 
      los velos se va quitando... 
      El velo de oro..., el de plata. 
      La hora cárdena... 
      «Aún es temprano». 

      «Nada veo sino el polvo 
      del camino...» 
      «Aún es temprano». 

    • El médico me manda no escribir más. Renuncio, 
      pues, a ser un Verlaine, un Musset, un D’ Annunzio 
      —¡no que no!—, por la paz de un reposo perfecto, 
      contento de haber sido el vate predilecto 
      de algunas damas y de no pocos galanes, 

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