Encajes, de Manuel Machado | Poema

    Poema en español
    Encajes

    Alma son de mis cantares, 
    tus hechizos... 
    Besos, besos 
    a millares. Y en tus rizos, 
    besos, besos a millares. 
    ¡Siempre amores! ¡Nunca amor! 

    Los placeres 
    van de prisa: 
    una risa 
    y otra risa, 
    y mil nombres de mujeres, 
    y mil hojas de jazmín 
    desgranadas 
    y ligeras... 
    Y son copas no apuradas, 
    y miradas 
    pasajeras, 
    que desfloran nada más. 

    Desnudeces, 
    hermosuras, 
    carne tibia y morbideces, 
    elegancias y locuras... 

    No me quieras, no me esperes... 
    ¡No hay amor en los placeres! 
    ¡No hay placer en el amor!

    • Largas tardes campestres; 
      alamedas rosadas; 
      aire delgado que el aroma apenas 
      sostiene de la acacia; 
      huerto, pinar... Llanuras de oro viejo, 
      azul de la montaña... 
      Esquilas del arambre 
      y balido, sin fin, de la majada, 
      en el silencio claro... 

    • Yo, poeta decadente, 
      español del siglo veinte, 
      que los toros he elogiado, 
      y cantado 
      las golfas y el aguardiente..., 
      y la noche de Madrid, 
      y los rincones impuros, 
      y los vicios más oscuros 
      de estos bisnietos del Cid: 
      de tanta canallería 

    • El médico me manda no escribir más. Renuncio, 
      pues, a ser un Verlaine, un Musset, un D’ Annunzio 
      —¡no que no!—, por la paz de un reposo perfecto, 
      contento de haber sido el vate predilecto 
      de algunas damas y de no pocos galanes, 

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