El jardín negro, de Manuel Machado | Poema

    Poema en español
    El jardín negro

    Es noche. La inmensa 
    palabra es silencio... 
    Hay entre los árboles 
    un grave misterio... 
    El sonido duerme, 
    el color se ha muerto. 
    La fuente está loca, 
    y mudo está el eco. 

    ¿Te acuerdas?... En vano 
    quisimos saberlo... 
    ¡Qué raro! ¡Qué oscuro! 
    ¡Aún crispa mis nervios, 
    pasando ahora mismo 
    tan sólo el recuerdo, 
    como si rozado 
    me hubiera un momento 
    el ala peluda 
    de horrible murciélago!... 
    Ven, ¡mi amada! Inclina 
    tu frente en mi pecho; 
    cerremos los ojos; 
    no oigamos, callemos... 
    ¡Como dos chiquillos 
    que tiemblan de miedo! 

    La luna aparece, 
    las nubes rompiendo... 
    La luna y la estatua 
    se dan un gran beso

    • Largas tardes campestres; 
      alamedas rosadas; 
      aire delgado que el aroma apenas 
      sostiene de la acacia; 
      huerto, pinar... Llanuras de oro viejo, 
      azul de la montaña... 
      Esquilas del arambre 
      y balido, sin fin, de la majada, 
      en el silencio claro... 

    • A Rubén Darío 
       
      La hora cárdena... La tarde 
      los velos se va quitando... 
      El velo de oro..., el de plata. 
      La hora cárdena... 
      «Aún es temprano». 

      «Nada veo sino el polvo 
      del camino...» 
      «Aún es temprano». 

    • El médico me manda no escribir más. Renuncio, 
      pues, a ser un Verlaine, un Musset, un D’ Annunzio 
      —¡no que no!—, por la paz de un reposo perfecto, 
      contento de haber sido el vate predilecto 
      de algunas damas y de no pocos galanes, 

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