Pregón de las flores, de Manuel Machado | Poema

    Poema en español
    Pregón de las flores

    Rosas son 
    la frescura de los huertos 
    y los labios entreabiertos. 
    Y claveles, 
    los caireles 
    de los trajes andaluces, 
    con sus luces 
    de oro y plata. 
    De los nardos 
    en la mata. 
    La frescura 
    de la tez de Carmen, pura, 
    la blancura 
    de su bata. 
    Las violetas 
    y mosquetas 
    son las gracias 
    que se ocultan. 
    Tulipanes, los que exultan 
    senos llenos de mujer. 
    El oler 
    los jazmines 
    es la noche y los jardines. 
    Del querer 
    es la pena, 
    o la azucena. 
    Y los lindos 
    dondiegos, miramelindos, 
    son cantares 
    con achares 
    y piropos. 
    Y celos los heliotropos. 
    Niñas, vamos, 
    con las flores de mi ramo 
    puesto en agua, 
    el crujido de la enagua 
    y el chasquido 
    de los besos. 
    Mil olores 
    y colores 
    dan mis flores, que enamoran. 
    También llevo de esas flores 
    que devoran.

    • A Rubén Darío 
       
      La hora cárdena... La tarde 
      los velos se va quitando... 
      El velo de oro..., el de plata. 
      La hora cárdena... 
      «Aún es temprano». 

      «Nada veo sino el polvo 
      del camino...» 
      «Aún es temprano». 

    • Yo, poeta decadente, 
      español del siglo veinte, 
      que los toros he elogiado, 
      y cantado 
      las golfas y el aguardiente..., 
      y la noche de Madrid, 
      y los rincones impuros, 
      y los vicios más oscuros 
      de estos bisnietos del Cid: 
      de tanta canallería 

    • El médico me manda no escribir más. Renuncio, 
      pues, a ser un Verlaine, un Musset, un D’ Annunzio 
      —¡no que no!—, por la paz de un reposo perfecto, 
      contento de haber sido el vate predilecto 
      de algunas damas y de no pocos galanes, 

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