La vuelta al hogar, de Olegario Víctor Andrade | Poema

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Título: La vuelta al hogar
Autor: Olegario Víctor Andrade
Narrador: Francisco Fernández

 

 

La vuelta al hogar

 

Todo está como era entonces:
la casa, la calle, el río,
los árboles con sus hojas
y las ramas con sus nidos.
 
Todo está, nada ha cambiado,
el horizonte es el mismo;
lo que dicen esas brisas
ya, otras veces, me lo han dicho.
 
Ondas, aves y murmullos
son mis viejos conocidos,
confidentes del secreto
de mis primeros suspiros.
 
Bajo aquel sauce que moja
su cabellera en el río,
largas horas he pasado
a solas con mis delirios.
 
Las hojas de esas achiras
eran el tosco abanico,
que refrescaba mi frente
y humedecía mis rizos.
 
Un viejo tronco de ceibo
me daba sombra y abrigo
un ceibo que desgajaron
los huracanes de estío.
 
Piadosa una enredadera
de perfumados racimos
lo adornaba con sus flores
de pétalos amarillos.
 
El ceibo estaba orgulloso
con su brillante atavío,
era un collar de topacios
ceñido al cuello de un indio.
 
Todos, aquí, me confiaban
sus penas y sus delirios:
con sus suspiros las hojas
con sus murmullos el río.
 
¡Qué triste estaba la tarde
la última que nos vimos!
Tan solo cantaba un ave
en el ramaje florido.
 
Era un zorzal que entonaba
sus más dulcísimos himnos,
¡Pobre zorzal que venía
a despedir a un amigo!
 
Era el cantor de las selvas,
la imagen de mi destino,
viajero de los espacios,
siempre amante y fugitivo.
 
¡Adiós! Parecían decirme
sus melancólicos trinos;
¡Adiós, hermano en los sueños,
adiós, inocente niño!
 
Yo estaba triste, muy triste,
el cielo oscuro y sombrío;
los juncos y las achiras
se quejaban al oírlo.
 
Han pasado muchos años
desde aquel día tristísimo;
muchos sauces han tronchado
los huracanes bravíos.
 
Hoy vuelve el niño, hecho hombre,
no ya contento y tranquilo,
con arrugas en la frente
y el cabello emblanquecido.
 
Aquella alma limpia y pura
como un raudal cristalino
es una tumba que tiene
la lobreguez del abismo.
 
Aquel corazón tan noble,
tan ardoroso y altivo
que hallaba el mundo pequeño
a sus gigantes designios;
 
Es hoy un hueco poblado
de sombras que no hacen ruido
sombras de sueños dispersos,
como neblina de estío.
 
¡Ah! Todo está como entonces,
los sauces, el cielo, el río,
las olas, hojas de plata
del árbol del infinito;
 
sólo el niño se ha vuelto hombre,
¡y el hombre tanto ha sufrido
que apenas trae en el alma,
la soledad del vacío!
 
 

  • La vuelta al hogar

    Todo está como era entonces:
    la casa, la calle, el río,
    los árboles con sus hojas
    y las ramas con sus nidos.
    Todo está, nada ha cambiado,
    el horizonte es el mismo;
    lo que dicen esas brisas
    ya, otras veces, me lo han dicho.
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    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito

    Alfonsina Storni

    Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
    Suelta a tu canario que quiere volar...
    Yo soy el canario, hombre pequeñito,
    déjame saltar.
    Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
    hombre pequeñito que jaula me das.
    Digo pequeñito porque no me entiendes,
    ni me entenderás.
    ...

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    Rosalía de Castro

    Las campanas

    Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

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    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas...

    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...

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    Manuel Acuña

    A la patria

    Manuel Acuña

    Ante el recuerdo bendito
    de aquella noche sagrada
    en que la patria alherrojada
    rompió al fin su esclavitud;
    ante la dulce memoria
    de aquella hora y de aquel día,
    yo siento que en el alma mía
    canta algo como un laúd.
    ...