María Manuela, ¿me escuchas? Yo de vestíos no entiendo, pero... ¿te gusta de veras ese que te estás poniendo? Tan fino, tan transparente, tan escaso y tan ceñío, que a lo mejor por la calle te vas a morir de frío. Te sienta que eres un cromo,
¿Me quieres, amor, me quieres? ¡Sí, para toda la vida!...
y era yo quien preguntaba, siempre soñando una espina, siempre rondando una duda, siempre imaginando heridas. “¿Me quieres, amor, me quieres?” ¡Sí, para toda la vida!...
-¿De dónde vienes tan tarde? ¡Dime, di! ¿De dónde vienes? -Vengo de ver unos ojos verdes como el trigo verde. El sueño juega y se esconde en la plaza de mi frente; cabalgo por las ojeras de unos ojos en relieve. El cuarto se va llenando