Carta a la madre, de Salvatore Quasimodo | Poema

    Poema en español
    Carta a la madre


    'Mater dulcíssima, ahora se levantan la nubes, 
    el Navío topa confusamente contra los diques, 
    los árboles se hinchan de agua, arden de nieve; 
    no estoy triste en el Norte; no estoy en paz 
    conmigo mismo, pero no espero 
    el perdón de ninguno; muchos me deben lágrimas 
    de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives 
    como todas la madres de los poetas, pobre 
    y según la medida de amor 
    por los hijos lejanos. Hoy, soy yo 
    quien te escribe'. Finalmente, dirás dos palabras 
    sobre aquel muchacho que huyó de noche con su chaquetilla 
    y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan impetuoso 
    lo matarán algún día en algún lugar. 
    'Cierto, recuerdo, fue en aquella escalerilla gris 
    de los lentos trenes que llevaban almendras y naranjas 
    a la boca del Imera, el río lleno de urracas, 
    de sal de eucaliptus. Pero ahora te agradezco, 
    -sólo esto quiero- con la misma ironía que pusiste 
    en mis labios, igual a la tuya. 

    Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores. 
    No importa si ahora tengo alguna lágrima por ti, 
    por todos aquellos, que como tú esperan 
    y no saben qué. Ah, amable muerte, 
    no toquéis el reloj de cocina que golpea en el muro: 
    toda mi infancia ha pasado en el esmalte 
    de su esfera, en sus flores pintados; 
    no toquéis las manos, el corazón de los viejos. 
    es, Pero tal vez alguno responde. Ah, muerte piadosa, 
    muerte pudorosa, 
    Adiós, amada adiós dulcíssima mater'.