'Primero sueño', de Sor Juana Inés de la Cruz

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Título: Primero sueño
Autor: Sor Juana Inés de la Cruz
Narrador: Francisco Fernández

 

Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;
si bien sus luces bellas
-exentas siempre, siempre rutilantes-
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la Diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,
quedando sólo o dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan obscuras, tan graves,
que aun el silencio no se interrumpía.

 

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    Audiolibro de La divina comedia (Infierno) de Dante Alighieri

    Divina Comedia

    Dante Alighieri

    A mitad del camino de nuestra vida,
    en una selva oscura me encontraba
    porque mi senda había extraviado.

    ¡Cuán penosa cosa es decir cuál era
    esta salvaje selva, áspera y salvaje
    que me vuelve el recuerdo al pensamiento!


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    Audiolibro de Cantar de Mío Cid

    Cantar de Mío Cid

    Anónimo

    Con grande llanto en los ojos, y muy fuerte lamentando,
    la cabeza atrás volvía y quedábase mirando.
    Y vio las puertas abiertas, y cerrojos quebrantados,
    y vacías las alcándaras sin las pieles ni los mantos...


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    Romancero gitano, de Federico García Lorca

    Romancero gitano

    Federico García Lorca

    La luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos.
    El niño la mira mira.
    El niño la está mirando.
    En el aire conmovido
    mueve la luna sus brazos
    y enseña, lúbrica y pura,
    sus senos de duro estaño.
    Huye luna, luna, luna.


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    Audiolibro de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda

    20 poemas de amor y una canción desesperada

    Pablo Neruda

    Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
    te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
    Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
    y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

    Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros,
    y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
    Para sobrevivirme te forjé como un arma,
    como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.