'Primero sueño', de Sor Juana Inés de la Cruz | Audiolibro

Título: Primero sueño
Autor: Sor Juana Inés de la Cruz
Narrador: Francisco Fernández

 

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Parte II  (07:20)
Parte III  (39:48)

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Sor Juana Inés de la Cruz

Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;
si bien sus luces bellas
-exentas siempre, siempre rutilantes-
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la Diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,
quedando sólo o dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan obscuras, tan graves,
que aun el silencio no se interrumpía.

 

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Audiolibro de Primero sueño, de Sor Juana Inés de la Cruz

Anónimo

Con grande llanto en los ojos, y muy fuerte lamentando,
la cabeza atrás volvía y quedábase mirando.
Y vio las puertas abiertas, y cerrojos quebrantados,
y vacías las alcándaras sin las pieles ni los mantos...


Concepción Arenal

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.

La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de enero a enero
débil y enteco el segundo.


Pablo Neruda

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros,
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.


Lord Byron

Sobre las rientes olas del mar azul, donde no hay límites para nuestros pensamientos, donde es libre nuestra alma, tan lejos como nos pueden llevar la brisa y las olas espumosas, contemplad nuestro imperio, ved nuestra patria; allí están nuestros dominios, sin fronteras que lo limiten...