Lo que soñé acurrucado junto a mi amada, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Lo que soñé acurrucado junto a mi amada

    Había una pareja joven bajo el porche americano.

    Joven y bella.
    Aunque el varón era de lo más celoso.

    Una tira de papel higiénico,
    que el viento trajo consigo,
    se prendió fuego
    al rozar
    la piel del chico.

    Tal vez la incendiase la pasión.

    El pendón en llamas se coló
    por el cuello de su camisa,
    y el chaval corrió hacia la casa,
    a toda, a toda prisa.

    La puerta sonó como un trueno.
    El cielo era un infinito bloque de mármol.

    Al cabo, reapareció el muchacho.
    Aunque se había convertido en otro hombre,
    mucho mayor.
    Más curtido y experimentado.

    La chica, al verlo, se inflamó a propósito.
    Con un cirio escarlata.
    Pero antes le colocó a su hombre
    un clavel en la solapa.

    Una vez transformada
    lo agarró del brazo
    y juntos
    se alejaron de allí.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Estoy tumbado en el sofá.
      Ella, sentada en su sillón.
      Nuestras manos, enlazadas.
      Y en la tele, María Teresa Campos, Ana Obregón, y todo el equipo.
      Ella recuerda sus tiempos de novia.
      Me pregunta por la mía.
      Sonrío, y le acaricio los nudillos.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
      Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
      Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

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