Lo que soñé acurrucado junto a mi amada, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Lo que soñé acurrucado junto a mi amada

    Había una pareja joven bajo el porche americano.

    Joven y bella.
    Aunque el varón era de lo más celoso.

    Una tira de papel higiénico,
    que el viento trajo consigo,
    se prendió fuego
    al rozar
    la piel del chico.

    Tal vez la incendiase la pasión.

    El pendón en llamas se coló
    por el cuello de su camisa,
    y el chaval corrió hacia la casa,
    a toda, a toda prisa.

    La puerta sonó como un trueno.
    El cielo era un infinito bloque de mármol.

    Al cabo, reapareció el muchacho.
    Aunque se había convertido en otro hombre,
    mucho mayor.
    Más curtido y experimentado.

    La chica, al verlo, se inflamó a propósito.
    Con un cirio escarlata.
    Pero antes le colocó a su hombre
    un clavel en la solapa.

    Una vez transformada
    lo agarró del brazo
    y juntos
    se alejaron de allí.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • La vuelta a casa puede resultar dura.

      Tu vieja almohada, raída, fiel, de anchura y dureza justas, ha sido sustituida por una nueva, sintética, de penetrante y desagradable

      O
      L
      O
      R.

      Materiales tóxicos.

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