'Diafanidad', de Amado Nervo | Poema

Título: Diafanidad
Autor: Amado Nervo
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Diafanidad

 

Yo soy un alma pensativa. ¿Sabes
lo que es un alma pensativa? — Triste,
pero con esa fría
melancolía
de las suaves
diafanidades. Todo lo que existe,
cuando es diáfano, es sereno y triste.
— ¡Sabino peregrino
que contempla en las vivas
transparencias del agua vocinglera
todas las fugitivas
metamorfosis de su cabellera,
peregrino sabino!
— Nube gemela de su imagen, nube
que navega en las fuentes y que en el cielo sube.
— Dios, en hondo mutismo,
viéndose en el espejo de sí mismo.
La Vida toca
como una loca
trasnochadora:
«Abridme, es hora!»
«Desplegad los oídos — rimadores,
a todos los ruidos — exteriores.»
«Despliega tus oídos
a todos los ruidos.»
Mi alma no escucha, duermen mis sentidos.
Mi espíritu y mi oreja están dormidos.
— El pecado del río es su corriente;
la quietud, alma mía,
es la sabiduría
de la fuente.
Los astros tienen miedo
de naufragar en el perenne enredo
del agua que se riza en espirales;
cuando el agua está en éxtasis, bajan a sus cristales.
Conciencia,
sé clara;
pero con esa rara
inconsistencia
de toda proyección en un espejo,
devuelve a la importuna
vida, sólo un reflejo
de su paso furtivo ante tu «luna».
Alma, tórnate onda
para que cada flor y cada fronda
copien en tí su fugitiva huella;
para que cada estrella
y cada nube hirsuta
se equivoquen de ruta,
y en tu claro caudal encuentren una
prolongación divina de su abismo:
que así, merced a singular fortuna,
el infinito y tú seréis lo mismo.

 

  • Pasas por el abismo de mis tristezas

    Pasas por el abismo de mis tristezas
    como un rayo de luna sobre los mares,
    ungiendo lo infinito de mis pesares
    con el nardo y la mirra de tus ternezas.
    Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas;
    mas, salvando del tiempo los valladares,
    como un rayo de luna sobre los mares
    pasas por el abismo de mis tristezas.
    ...

  • Diafanidad

    Yo soy un alma pensativa. ¿Sabes
    lo que es un alma pensativa? — Triste,
    pero con esa fría
    melancolía
    de las suaves
    diafanidades. Todo lo que existe,
    cuando es diáfano, es sereno y triste.
    — ¡Sabino peregrino
    ...

  • Federico García Lorca

    Voces de muerte sonaron
    cerca del Guadalquivir.
    Voces antiguas que cercan
    voz de clavel varonil.
    Les clavó sobre las botas
    mordiscos de jabalí.
    En la lucha daba saltos
    jabonados de delfín.
    ...

  • Antonio Machado

    Yo voy soñando caminos
    de la tarde. ¡Las colinas
    doradas, los verdes pinos,
    las polvorientas encinas!...
    ¿Adónde el camino irá?
    Yo voy cantando, viajero
    a lo largo del sendero...
    -la tarde cayendo está-.
    ...

  • Pedro Salinas

    Qué alegría, vivir
    sintiéndose vivido.
    Rendirse
    a la gran certidumbre, oscuramente,
    de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
    me está viviendo.
    Que cuando los espejos, los espías,
    azogues, almas cortas, aseguran
    ...

  • Ángel González

    Una revolución.
    Luego una guerra.
    En aquellos dos años —que eran
    la quinta parte de toda mi vida—,
    ya había experimentado sensaciones distintas.
    Imaginé más tarde
    lo que es la lucha en calidad de hombre.
    Pero como tal niño,
    ...