A Juan Ramón Jiménez, de Antonio Machado | Poema

    Poema en español
    A Juan Ramón Jiménez

    (Por su libro Arias tristes)
     
    Era una noche del mes 
    de mayo, azul y serena. 
    Sobre el agudo ciprés 
    brillaba la luna llena, 
    iluminando la fuente 
    en donde el agua surtía 
    sollozando intermitente. 
    Sólo la fuente se oía. 
    Después, se escuchó el acento 
    de un oculto ruiseñor. 
    Quebró una racha de viento 
    la curva del surtidor. 
    Y una dulce melodía 
    vagó por todo el jardín: 
    entre los mirtos tañía 
    un músico su violín. 
    Era un acorde lamento 
    de juventud y de amor 
    para la luna y el viento, 
    el agua y el ruiseñor. 
    «El jardín tiene una fuente 
    y la fuente una quimera...» 
    Cantaba una voz doliente, 
    alma de la primavera. 
    Calló la voz y el violín 
    apagó su melodía. 
    Quedó la melancolía 
    vagando por el jardín. 
    Sólo la fuente se oía.

    Antonio Machado (Sevilla, 1875 - Colliure, 1939) fue el más joven poeta de la generación del 98. Su vida en Madrid y París le llevó a formar parte del círculo de destacados literatos como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez. Autor prolífico, se dio a conocer con el poemario Soledades, de marcado carácter modernista, en 1903. Unos años más tarde, en 2912, publicó uno de sus libros más populares, Campos de Castilla. Destacan también, entre otras obras, Nuevas canciones (1914) y Páginas escogidas (1917). Miembro de la Real Academia Española, se exilió al pueblo francés de Colliure tras estallar la guerra civil española. Allí murió y allí descansa su tumba, símbolo del exilio republicano.

    • Es una tarde mustia y desabrida 
      de un otoño sin frutos, en la tierra 
      estéril y raída 
      donde la sombra de un centauro yerra. 
      Por un camino en la árida llanura, 
      entre álamos marchitos, 
      a solas con su sombra y su locura, 
      va el loco hablando a gritos. 

    • Vino, sentimiento, guitarra y poesía 
      hacen los cantares de la patria mía. 
      Cantares... 
      Quien dice cantares dice Andalucía. 

      A la sombra fresca de la vieja parra, 
      un mozo moreno rasguea la guitarra... 
      Cantares... 
      Algo que acaricia y algo que desgarra. 

    • Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. 
      Girando en torno a la torre y al caserón solitario, 
      ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, 
      de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. 
      Es una tibia mañana. 

    • Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano, 
      el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas 
      en donde los vencejos anidan en verano 
      y graznan en las noches de invierno las cornejas. 
      Con su frontón al Norte, entre los dos torreones 

    • Poeta ayer, hoy triste y pobre 
      filósofo trasnochado, 
      tengo en monedas de cobre 
      el oro de ayer cambiado. 

      Sin placer y sin fortuna, 
      pasó como una quimera 
      mi juventud, la primera... 
      la sola, no hay más que una: 
      la de dentro es la de fuera. 

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