Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido, de Antonio Machado | Poema

    Poema en español
    Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido

    Al fin, una pulmonía 
    Mató a don Guido, y están 
    Las campanas todo el día 
    Doblando por él: ¡din dan! 
    Murió don Guido, un señor 
    De mozo muy jaranero, 
    Muy galán y algo torero; 
    De viejo, gran rezador. 

    Dicen que tuvo un serrallo 
    Este señor de Sevilla; 
    Que era diestro 
    En manejar el caballo, 
    Y un maestro 
    En refrescar manzanilla. 
    Cuando mermó su riqueza, 
    Era su monotonía 
    Pensar que pensar debía 
    En asentar la cabeza. 

    Y asentóla 
    De una manera española, 
    Que fue casarse con una 
    Doncella de gran fortuna; 
    Y repintar sus blasones, 
    Hablar de las tradiciones 
    De su casa, 
    A escándalos y amoríos 
    Poner tasa, 
    Sordina a sus desvaríos. 
    Gran pagano, 
    Se hizo hermano 
    De una santa cofradía; 
    El Jueves Santo salía, 
    Llevando un cirio en la mano 
    -¡Aquel trueno!-, 
    Vestido de nazareno. 

    Hoy nos dice la campana 
    Que han de llevarse mañana 
    Al buen don Guido, muy serio, 
    Camino del cementerio. 
    Buen don Guido, ya eres ido 
    Y para siempre jamás 
    Alguien dirá: «¿Qué dejaste?» 
    Yo pregunto: «¿Qué llevaste 
    Al mundo donde hoy estás?» 

    ¿Tu amor a los alamares 
    Y a las sedas y a los oros, 
    Y a la sangre de los toros 
    Y al humo de los altares? 
    Buen don Guido y equipaje, 
    ¡Buen viaje! 
    El acá 
    Y el allá, 
    Caballero, 
    Se ve en tu rostro marchito, 
    Lo infinito: 
    Cero, cero. 

    ¡Oh las enjutas mejillas, 
    Amarillas, 
    Y los párpados de cera, 
    Y la fina calavera 
    En la almohada del lecho! 
    ¡Oh fin de una aristocracia! 
    La barba canosa y lacia 
    Sobre el pecho; 
    Metido en tosco sayal, 
    Las yertas manos en cruz, 
    ¡Tan formal! 
    El caballero andaluz.

    Antonio Machado (Sevilla, 1875 - Colliure, 1939) fue el más joven poeta de la generación del 98. Su vida en Madrid y París le llevó a formar parte del círculo de destacados literatos como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez. Autor prolífico, se dio a conocer con el poemario Soledades, de marcado carácter modernista, en 1903. Unos años más tarde, en 2912, publicó uno de sus libros más populares, Campos de Castilla. Destacan también, entre otras obras, Nuevas canciones (1914) y Páginas escogidas (1917). Miembro de la Real Academia Española, se exilió al pueblo francés de Colliure tras estallar la guerra civil española. Allí murió y allí descansa su tumba, símbolo del exilio republicano.

    • Es una tarde mustia y desabrida 
      de un otoño sin frutos, en la tierra 
      estéril y raída 
      donde la sombra de un centauro yerra. 
      Por un camino en la árida llanura, 
      entre álamos marchitos, 
      a solas con su sombra y su locura, 
      va el loco hablando a gritos. 

    • Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano, 
      el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas 
      en donde los vencejos anidan en verano 
      y graznan en las noches de invierno las cornejas. 
      Con su frontón al Norte, entre los dos torreones 

    • Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. 
      Girando en torno a la torre y al caserón solitario, 
      ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, 
      de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. 
      Es una tibia mañana. 

    • Vino, sentimiento, guitarra y poesía 
      hacen los cantares de la patria mía. 
      Cantares... 
      Quien dice cantares dice Andalucía. 

      A la sombra fresca de la vieja parra, 
      un mozo moreno rasguea la guitarra... 
      Cantares... 
      Algo que acaricia y algo que desgarra. 

    • Poeta ayer, hoy triste y pobre 
      filósofo trasnochado, 
      tengo en monedas de cobre 
      el oro de ayer cambiado. 

      Sin placer y sin fortuna, 
      pasó como una quimera 
      mi juventud, la primera... 
      la sola, no hay más que una: 
      la de dentro es la de fuera. 

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