Oh, dime, noche amiga, de Antonio Machado | Poema

    Poema en español
    Oh, dime, noche amiga

    ¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja, 
    que me traes el retablo de mis sueños 
    siempre desierto y desolado, y sólo 
    con mi fantasma dentro, 
    mi pobre sombra triste 
    sobre la estepa y bajo el sol de fuego, 
    o soñando amarguras 
    en las voces de todos los misterios, 
    dime, si sabes, vieja amada, dime 
    si son mías las lágrimas que vierto! 
    Me respondió la noche: 
    Jamás me revelaste tu secreto. 
    Yo nunca supe, amado, 
    si eras tú ese fantasma de tu sueño, 
    ni averigüé si era su voz la tuya, 
    o era la voz de un histrión grotesco. 



    Dije a la noche: Amada mentirosa, 
    tú sabes mi secreto; 
    tú has visto la honda gruta 
    donde fabrica su cristal mi sueño, 
    y sabes que mis lágrimas son mías, 
    y sabes mi dolor, mi dolor viejo. 



    ¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado, 
    yo no sé tu secreto, 
    aunque he visto vagar ese que dices 
    desolado fantasma, por tu sueño. 
    Yo me asomo a las almas cuando lloran 
    y escucho su hondo rezo, 
    humilde y solitario, 
    ese que llamas salmo verdadero; 
    pero en las hondas bóvedas del alma 
    no sé si el llanto es una voz o un eco. 

    Para escuchar tu queja de tus labios 
    yo te busqué en tu sueño, 
    y allí te vi vagando en un borroso 
    laberinto de espejos. 

    Antonio Machado (Sevilla, 1875 - Colliure, 1939) fue el más joven poeta de la generación del 98. Su vida en Madrid y París le llevó a formar parte del círculo de destacados literatos como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez. Autor prolífico, se dio a conocer con el poemario Soledades, de marcado carácter modernista, en 1903. Unos años más tarde, en 2912, publicó uno de sus libros más populares, Campos de Castilla. Destacan también, entre otras obras, Nuevas canciones (1914) y Páginas escogidas (1917). Miembro de la Real Academia Española, se exilió al pueblo francés de Colliure tras estallar la guerra civil española. Allí murió y allí descansa su tumba, símbolo del exilio republicano.

    • Es una tarde mustia y desabrida 
      de un otoño sin frutos, en la tierra 
      estéril y raída 
      donde la sombra de un centauro yerra. 
      Por un camino en la árida llanura, 
      entre álamos marchitos, 
      a solas con su sombra y su locura, 
      va el loco hablando a gritos. 

    • Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. 
      Girando en torno a la torre y al caserón solitario, 
      ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, 
      de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. 
      Es una tibia mañana. 

    • Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano, 
      el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas 
      en donde los vencejos anidan en verano 
      y graznan en las noches de invierno las cornejas. 
      Con su frontón al Norte, entre los dos torreones 

    • Vino, sentimiento, guitarra y poesía 
      hacen los cantares de la patria mía. 
      Cantares... 
      Quien dice cantares dice Andalucía. 

      A la sombra fresca de la vieja parra, 
      un mozo moreno rasguea la guitarra... 
      Cantares... 
      Algo que acaricia y algo que desgarra. 

    • Poeta ayer, hoy triste y pobre 
      filósofo trasnochado, 
      tengo en monedas de cobre 
      el oro de ayer cambiado. 

      Sin placer y sin fortuna, 
      pasó como una quimera 
      mi juventud, la primera... 
      la sola, no hay más que una: 
      la de dentro es la de fuera. 

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