'El corazón delator', de Edgar Allan Poe

Título: El corazón delator
Autor: Edgar Allan Poe
Narrador: Francisco Fernández

 

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¡Es verdad! Nervioso, muy, muy nervioso, lo he sido y lo soy; pero ¿por qué dirán que estoy loco? El mal ha agudizado mis sentidos, no los ha destruido ni los ha entorpecido. Sobre todo tenía un oído muy fino. Oía todas las cosas del cielo y de la tierra, y además muchas del infierno. Asi que ¿cómo voy a estar loco? Atiendan y observen con qué cordura, con qué tranquilidad les puedo contar toda la historia.

Me es imposible decir cómo se me metió por primera vez la idea en la cabeza; pero, una vez dentro, me obsesionaba día y noche. ¿Propósito? Ninguno. ¿Pasión? Descartada. Yo quería al viejo. Nunca me había hecho daño. Nunca me había insultado. Su oro no me atraía. Creo que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía el ojo de un buitre, un ojo azul pálido, velado con una membrana. Cada vez que me echaba la vista encima se me helaba la sangre; y así poco a poco -muy paulatinamente- fui tomando la decisión de matar al viejo y con ello librarme del ojo para siempre.

 

Autor/es
  • Franz Kafka

    Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo.


  • Edgar Allan Poe

    No espero ni pido que nadie crea el extravagante pero sencillo relato que me dispongo a escribir. Loco estaría, de veras, si lo esperase, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Sin embargo, no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana moriré, y hoy quiero aliviar mi alma.


  • Isaac Asimov

    Las Tres Leyes de la robótica:
    1.— Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra ningún daño.
    2.— Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.
    3.— Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda.


  • Edgar Allan Poe

    -Escúchame -dijo el demonio, poniendo una mano sobre mi cabeza-. El país que te digo está en una región lúgubre. Se encuentra en Libia, junto a las orillas del Zaire. Allí no existe descanso ni silencio.