Mañanita bajé al huerto, de Emeterio Gutiérrez Albelo | Poema

    Poema en español
    Mañanita bajé al huerto

    ...¡Oh, qué frasco de sombras! 
    ¡Qué triunfo de alegría 
    mañanera! 

    Ya la Aurora, 
    toda desnuda y riente, 
    y con su faz ruborosa, 
    en los ojos me besaba 
    ¡como si fuese mi novia! 
    Nuevo Romero en mi ensueño, 
    me despertaba la alondra... 
    Yo vagué buscando rimas 
    en las flores olorosas, 
    cazando sonetos ígneos 
    en el dulzor de las pomas, 
    ¡y robando madrigales 
    a la fuente jubilosa! 
    Me acerqué a la rosaleda 
    encendida y voluptuosa 
    y les di mis buenos días 
    inefables a las rosas... 
    ¡Oh, qué dolor! Junto a ellas, 
    estaba una vida rota: 
    ...aquel bello pajarito 
    de canción maravillosa 
    que ofrendaba sus sonatas 
    como un trovador a sus trovas; 
    aquel áureo pajarillo 
    que casi todas las horas, 
    -peregrino de los aires- 
    llegaba en lírica ronda 
    con su colección de rimas 
    incesantes y harmoniosas; 
    aquel sideral poeta 
    no diría ya las trovas 
    que en mil perlas desgranábanse 
    sobre el almas de las rosas. 
    En una de ellas estaba 
    prendida su vida toda; 
    el piquito, entre su seno, 
    en una caricia loca, 
    como ebrio de sus mieles, 
    como ebrio de su aroma... 
    ¡Muerto estaba! Y las pupilas 
    diríase que, llorosas, 
    miraban, como implorando, 
    hacia la estrella remota... 
    Sentí una emoción tan dulce, 
    sentí una emoción tan honda... 
    ¡Creí que murió besando 
    los labios de aquella rosa!