Los hoteles secretos, de Enrique Molina | Poema

    Poema en español
    Los hoteles secretos


    El brillo nómade del mundo 
    como un ascua en el alma una joya del tiempo 
    se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos 
    arrastrados por la corriente 
    hasta las escaleras cortadas por el mar 
    en ciertos antros de lujuria de bordes sombríos 
    poblados por estatuas de reyes 
    casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas cuya luz es la hiedra que cubre los muros 
    ¡Oh corazón corazón orgulloso! 
    entrégate al fantasma apostado en la puerta 

    Ahora que tan bien te conozco 
    sin otra sed que tu memoria 
    criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos 
    invoca en las alcobas el éxtasis y el terror 
    el lento idioma indomable de la pasión por el infierno 
    y el veneno de la aventura con sus crímenes 
    ¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño 
    en estas cámaras de piedra enlazada a tu amante 
    y ambos envueltos en la lona de los días perdidos como el muerto en el mar 
    y prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas 
    sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las tinieblas bajo la zarpa de los candelabros 
    y el coro de pájaros lascivos girando con furia en las habitaciones selladas por el hierro de otras noches 

    Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras 
    con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras opulentas 
    se balancean labrados pomposamente desde el portal hasta la cúpula 
    como la nave anclada sobre el abismo 
    agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la mujer 
    desnuda entre los verdugos que incineran el corazón de la noche 
    y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración 
    los camareros con el rostro podrido por el tufo de las flores 
    acumuladas en los pasillos infinitos 
    el rumor de los suspiros sofocados 
    los besos entretejidos en nácar tristísimo 
    la hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes 
    repiten una vez más entre la sombra 
    la leyenda del amor que nunca muere 



    • El brillo nómade del mundo 
      como un ascua en el alma una joya del tiempo 
      se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos 
      arrastrados por la corriente 
      hasta las escaleras cortadas por el mar 
      en ciertos antros de lujuria de bordes sombríos