San José de la esquina, de Ezequiel Martínez Estrada | Poema

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Título: San José de la esquina
Autor: Ezequiel Martínez Estrada
Narrador: Francisco Fernández

 

 

San José de la esquina

 

Apenas te distingo, fragmentario
de tan lejano y tan pequeño.
Un poco de memoria y otro poco de sueño
te ven reconstruyendo en un plano arbitrario.
 
La casa amplia tenía
rejas en las ventanas y la luna tras ellas.
Después la galería
y un tapial erizado con vidrios de botellas.
 
Una tarde llovió con sol. Qué vieja y nueva
esa lluvia de otro, y con cuanta alegría
cantaba yo: “que llueva, la vieja está en la cueva”.
Así sigue lloviendo en mi alma todavía.
 
Fuera del pueblo, en casa de una vieja.
Una pala de sacar pan. Un horno. Otro chico. Algún juego.
La vieja que pitaba un cigarro de chala.
Recuerdo bien la mano, el cigarro y el fuego.
 
¿Y algo más? Una fiesta junto a un río.
La gente alegre, el viento a toda orquesta.
Debió ser una fiesta muy triste aquella fiesta
pues mi madre se puso a llorar de repente.
 
(Un pañuelo de seda, cuadriculado, el río,
mucha gente en el aire y un sol amarillento
coches. Gente cantando. Y nada más. Dios mío,
y nada más que el sol, las lágrimas y el viento).
 
Ah para siempre inmóviles recuerdos tan remotos
que no sé si son míos, si ciertos o de fiebre.
Tengo miedo al tocarlos porque están casi rotos
que éste se me deforme y el otro se me quiebre.

 

  • Miro tus ojos

    Miro tus ojos cansados
    tu faz que agostó la vida;
    miro la nieve caída
    en tus cabellos dorados.
    Eres la misma que fuiste,
    toda tú en manos y cara.
    Antes Noemí y ahora Mara,
    la misma, mucho más triste.
    ...

  • San José de la esquina

    Apenas te distingo, fragmentario
    de tan lejano y tan pequeño.
    Un poco de memoria y otro poco de sueño
    te ven reconstruyendo en un plano arbitrario.
    La casa amplia tenía
    rejas en las ventanas y la luna tras ellas.
    Después la galería
    y un tapial erizado con vidrios de botellas.
    ...

  • Imagen
    Paul Géraldy

    Despedida

    Paul Géraldy

    Conque entonces, adiós. ¿No olvidas nada?
    Bueno, vete... Podemos despedirnos.
    ¿Ya no tenemos nada qué decirnos?
    Te dejo, puedes irte...
    Aunque no, espera, espera todavía
    que pare de llover... Espera un rato.
    Y sobre todo, ve bien abrigada,
    pues ya sabes el frío que hace allí afuera.
    ...

  • Imagen
    César Vallejo

    Voy a hablar de la esperanza

    César Vallejo

    Yo no sufro este dolor como César Vallejo.
    Yo no me duelo ahora como artista,
    como hombre ni como simple ser vivo siquiera.
    Yo no sufro este dolor como católico,
    como mahometano ni como ateo.
    Hoy sufro solamente.
    Si no me llamase César Vallejo,
    también sufriría este mismo dolor.
    ...

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    José María Eguren

    La niña de la lámpara azul

    José María Eguren

    En el pasadizo nebuloso
    cual mágico sueño de Estambul,
    su perfil presenta destelloso
    la niña de la lámpara azul.
    Ágil y risueña se insinúa,
    y su llama seductora brilla,
    tiembla en su caballo la garúa
    de la playa de la maravilla.
    ...

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    Rubén Darío

    Lo fatal

    Rubén Darío

    Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
    y más la piedra dura porque esa ya no siente,
    pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
    Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
    y el temor de haber sido y un futuro terror...
    Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
    y sufrir por la vida y por la sombra y por
    ...