'Soledad del alma', de Gertrudis Gómez de Avellaneda | Poema

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Título: Soledad del alma
Autora: Gertrudis Gómez de Avellaneda
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Soledad del alma

 

La flor delicada, que apenas existe una aurora,
tal vez largo tiempo al ambiente le deja su olor…
Mas, ¡ay!, que del alma las flores, que un día atesora
muriendo marchitas no dejan perfume en redor.

La luz esplendente del astro fecundo del día
se apaga, y sus huellas aún forman hermoso arrebol…
mas ¡ay!, cuando el alma le llega la noche sombría,
que guarda el fuego sagrado que ha sido su sol?

Se rompe, gastada, la cuerda del arpa armoniosa,
a aún su eco difunde en los aires fugaz vibración…
Mas todo es silencio profundo, de muerte espantosa,
si dan un pecho amante el postrero tristísimo son…

Mas nada, ni noche, ni aurora, ni tarde indecisa
cambian del alma desierta la lúgubre faz…
A ella no llegan crepúsculo, aroma ni brisa…;
a ella no brindan las sombras ensueños de paz.

Vista los campos de flores gentil primavera,
doren las mieses los besos del cielo estival,
pámpanos ornen de otoño la faz placentera,
lance el invierno brumoso su aliento glacial,
siempre perdidas, vagando en su estéril desierto,
siempre abrumadas de peso de vil nulidad,
gimen las almas do el fuego de amor está muerto…
Nada hay que pueble o anime su gran soledad.

 

  • Soledad del alma

    La flor delicada, que apenas existe una aurora,
    tal vez largo tiempo al ambiente le deja su olor…
    Mas, ¡ay!, que del alma las flores, que un día atesora
    muriendo marchitas no dejan perfume en redor.
    La luz esplendente del astro fecundo del día
    se apaga, y sus huellas aún forman hermoso arrebol…
    mas ¡ay!, cuando el alma le llega la noche sombría,
    que guarda el fuego sagrado que ha sido su sol?
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    Alfonsina Storni

    Veinte siglos

    Alfonsina Storni

    Para decirte, amor, que te deseo,
    sin los rubores falsos del instinto.
    Estuve atada como Prometeo,
    pero una tarde me salí del cinto.
    Son veinte siglos que movió mi mano
    para poder decirte sin rubores:
    "Que la luz edifique mis amores".
    ¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!
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    Rosalía de Castro

    Las campanas

    Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

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    Concepción Arenal

    Las dos perras

    Concepción Arenal

    Cierto día de verano
    y en la falda de unas sierras,
    en conversación dos perras
    estábanse mano a mano.
    Mastina, joven, valiente
    con los lobos cual ninguna,
    era resuelta la una
    a la par que inteligente.
    ...

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    Gaspar Nuñez de Arce

    Gritos del combate

    Gaspar Núñez de Arce

    ¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe
    el ocio muelle en nuestra edad inquieta?
    En medio de la lid canta el poeta,
    el tribuno perora, el sabio escribe.
    Nadie el golpe que da ni el que recibe
    siente, a medida que el peligro aprieta:
    desplómase vencido el fuerte atleta
    y otro al recio combate se apercibe.
    ...