Sólo en sueños, de Jaime Sabines | Poema

    Poema en español
    Sólo en sueños

    Sólo en sueños, 
    sólo en el otro mundo del sueño te consigo, 
    a ciertas horas, cuando cierro puertas 
    detrás de mí. 
    ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, 
    y ahora estoy preso en su sortilegio, 
    atrapado en su red! 
    ¡Con qué morboso deleite te introduzco 
    en la casa abandonada, y te amo mil veces 
    de la misma manera distinta! 
    Esos sitios que tú y yo conocemos 
    nos esperan todas las noches 
    como una vieja cama 
    y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. 
    Me gusta decirte lo de siempre 
    y mis manos adoran tu pelo 
    y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. 
    Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, 
    y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. 
    A veces lo recuerdo. A veces 
    sólo el cuerpo cansado me lo dice. 
    Al duro amanecer estás desvaneciéndote 
    y entre mis brazos sólo queda tu sombra.

    • Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
      Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
      Nada queda de mí después de este amor. 

      Entre los escombros de mi alma, búscame, 
      escúchame. 
      En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
      pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

    • Uno no sabe nada de esas cosas 
      que los poetas, los ciegos, las rameras, 
      llaman «misterio», temen y lamentan. 
      Uno nació desnudo, sucio, 
      en la humedad directa, 
      y no bebió metáforas de leche, 
      y no vivió sino en la tierra 

    • ¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla, 
      con mi pierna tan larga y tan flaca, 
      con mis brazos, con mi lengua, 
      con mis flacos ojos? 
      ¿Que puedo hacer en este remolino 
      de imbéciles de buena voluntad? 
      ¿Que puedo con inteligentes podridos 

    • Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta. 

    • El mediodía en la calle, atropellando ángeles, 
      violento, desgarbado; 
      gentes envenenadas lentamente 
      por el trabajo, el aire, los motores; 
      árboles empeñados en recoger su sombra, 
      ríos domesticados, panteones y jardines 
      transmitiendo programas musicales. 

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